Los mercados se agitan ante una posible reanudación de la guerra en Irán

Los mercados petroleros se agitan ante el riesgo de nuevos ataques entre Irán y Estados Unidos y una escalada contra la infraestructura energética.

A pesar de que la guerra en Irán ha atravesado semanas de relativa calma, esta pausa en las hostilidades parece tener fecha de caducidad. Al menos, eso es lo que reflejan los mercados de hidrocarburos, que se agitan ante la posibilidad de una nueva escalada militar a corto plazo. En particular, el precio de los contratos de petróleo Brent ha llegado a superar los $106 por barril, reflejando la creciente preocupación de los operadores.

Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intentado contener la escalada del conflicto antes de las elecciones de medio término, el capítulo de la guerra está lejos de cerrarse. De hecho, un reciente reporte de The Wall Street Journal (WSJ) señala que las autoridades iraníes fortifican a toda prisa sus instalaciones nucleares como preparación ante posibles nuevos ataques estadounidenses.

Básicamente, el riesgo de que Teherán y Washington vuelvan a intercambiar ataques después de las elecciones de noviembre sigue presente. Sin embargo, el escenario más peligroso sería que Estados Unidos decidiera atacar infraestructura energética, lo que podría provocar una respuesta equivalente de Irán contra instalaciones de los aliados de Washington en la región.

Esto último resulta particularmente preocupante, dado que los misiles y drones iraníes podrían afectar seriamente la producción petrolera regional. En otras palabras, ya no se trataría solamente de una interrupción del comercio marítimo, que podría resolverse mediante acuerdos diplomáticos y permitir una recuperación relativamente rápida de los flujos comerciales.

En este caso, estaría en juego infraestructura energética de alto valor, cuya reconstrucción requeriría enormes cantidades de dinero y largos períodos de tiempo.

Los mercados se agitan ante la posible reanudación de las hostilidades

Uno de los elementos clave en esta ecuación es el papel de Arabia Saudita. Se trata de uno de los mayores productores y exportadores de petróleo del mundo y, precisamente por su importancia energética, podría convertirse en uno de los principales blancos de Irán si la escalada militar se extendiera hacia la infraestructura petrolera.

De hecho, Riad enfrenta actualmente una situación cada vez más complicada en el escenario de operaciones de Yemen. Las fuerzas militares respaldadas por los saudíes han sufrido duros enfrentamientos con las milicias de Ansar Alá, también conocidas como hutíes y aliadas de Irán. Estas últimas han intensificado sus ataques con misiles y drones contra territorio saudí, incluida su capital.

La disputa por ciudades y posiciones estratégicas en la zona del mar Rojo también incrementa los riesgos sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, una ruta fundamental para el comercio energético. Este corredor resulta especialmente importante para Arabia Saudita como alternativa frente a las restricciones y amenazas que afectan al tránsito por el estrecho de Ormuz.

En este contexto, una combinación de nuevas interrupciones del comercio marítimo y ataques contra oleoductos y refinerías sauditas podría tener consecuencias devastadoras para la economía global.

Ante este escenario hipotético, que podría agravarse después de las elecciones de medio término, no sorprende la inquietud que domina actualmente los mercados de hidrocarburos. Los operadores comienzan a contemplar una escalada militar capaz de comprometer no solamente el transporte de petróleo, sino también una parte importante de la capacidad productiva regional.

Aunque todavía existe la posibilidad de una distensión, dado que tanto Teherán como Washington han mostrado algunas señales de apertura diplomática, ninguno de los dos gobiernos parece dispuesto a realizar concesiones significativas que permitan alcanzar una solución duradera.

El papel de Rusia en la estabilidad global

Aunque para muchos resulte incómodo, especialmente para los líderes europeos, Rusia podría desempeñar un papel importante en la estabilización de los mercados energéticos. Si Moscú consiguiera incrementar sus exportaciones de petróleo y derivados, contribuiría a aliviar parte de la presión sobre los precios, lo que daría a Estados Unidos un mayor margen de maniobra para lidiar con Irán.

Sin embargo, este posible «favor» del Kremlin a Donald Trump tendría un costo político considerable. Una mayor participación de Rusia en el mercado energético internacional podría requerir una flexibilización adicional de las sanciones contra el país euroasiático, facilitando así un mayor flujo de capitales hacia su economía. Esto permitiría a Moscú ampliar su capacidad financiera para sostener la guerra en Ucrania, un conflicto que también supone importantes costos económicos para los países europeos.

Aunque una capitulación de Kiev no figura entre los objetivos de las capitales europeas, conceder un mayor margen financiero a Rusia para continuar sosteniendo su ofensiva militar representaría una ventaja considerable para el Kremlin.

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Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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