El crecimiento de la inteligencia artificial suele describirse como una carrera por conseguir más chips, memoria y electricidad. Sin embargo, los máximos responsables de Intel y Broadcom plantearon en Singapur otro posible límite: la capacidad de financiar toda esa infraestructura y demostrar que la inversión dará resultados suficientes.
Durante la conferencia Asia Future Forward de DBS, Hock Tan, director ejecutivo de Broadcom, sostuvo que el capital podría convertirse en la restricción más importante para el sector. Lip-Bu Tan, al frente de Intel, coincidió en que el costo del dinero y las exigencias de rentabilidad pesarán cada vez más sobre las decisiones de las empresas.
La financiación entra en el centro del debate
Según CNBC, en un informe sobre el encuentro, la advertencia no supone que la demanda de cómputo se esté enfriando ahora. Los dos directivos describieron un mercado donde las solicitudes de capacidad todavía superan la oferta, aunque financiar nuevos centros de datos, equipos y conexiones eléctricas puede volverse más difícil.
Construir un centro de datos de IA exige desembolsos iniciales enormes. Además de comprar aceleradores y servidores, hay que asegurar terrenos, refrigeración, redes y suministro de energía. Si las empresas recurren a deuda, unos rendimientos más altos de los bonos elevan el costo de esos proyectos antes de que empiecen a generar ingresos estables.
Por eso, el acceso a fondos puede importar tanto como la disponibilidad de componentes. Un chip puede estar listo para entregarse, pero su instalación depende de que el proyecto completo resulte financiable. En ese escenario, las compañías con balances más sólidos tendrían mayor margen para seguir ampliando capacidad, mientras otras podrían retrasar compras o buscar socios.
La demanda sigue fuerte pese a los riesgos
Hock Tan recordó que la industria ha superado varios obstáculos de suministro en los últimos dos años. Considera posible que la escasez actual de memoria se alivie con el tiempo y que las limitaciones de obleas disminuyan hacia 2028 o 2029; también espera avances en la infraestructura energética. Son previsiones, no una garantía de que desaparezcan todos los problemas físicos.
Al mismo tiempo, Broadcom ve más pedidos de infraestructura de los que puede atender y cree que ese desequilibrio podría prolongarse hasta 2029, incluso 2030. El responsable de Intel tampoco anticipa una desaceleración importante durante los próximos dos o tres años, impulsado por la adopción de aplicaciones de IA y la necesidad de procesarlas.
Estas perspectivas explican la aparente paradoja: una industria puede mantener pedidos elevados y, aun así, enfrentar límites financieros. Cuanto más grandes son los proyectos, más capital hay que comprometer antes de conocer su utilización futura. La pregunta pasa de cuánto hardware se puede fabricar a cuánto gasto pueden justificar los ingresos esperados.
El retorno decidirá cuánto puede durar el ciclo
A largo plazo, ambos ejecutivos señalaron que el ritmo de inversión dependerá de la adopción real de los modelos y de las ventajas económicas que obtengan sus clientes. Si las aplicaciones avanzadas no encuentran suficientes usos rentables, o si sus mejoras se estancan, la demanda de nueva capacidad podría crecer menos de lo previsto.
Lip-Bu Tan subrayó la necesidad de mostrar ganancias medibles, ya sea por mayor eficiencia o por nuevos negocios. Su mensaje sitúa el retorno de la inversión en el centro del próximo ciclo de IA: el sector sigue construyendo para una demanda intensa, pero deberá probar que ese despliegue genera valor suficiente para sostener su financiación.
