Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, advirtió que una nueva escalada bélica podría poner en riesgo cables de comunicaciones, centros de datos e instalaciones de inteligencia artificial en Oriente Medio.
La publicación de The Hormuz Letter resume sus declaraciones como una amenaza contra la infraestructura digital cercana al estrecho de Ormuz, un corredor conocido por su importancia petrolera que también conecta redes y proyectos tecnológicos de la región.
La advertencia fue formulada en términos condicionales: Rezaei afirmó que esos activos no figuraban hasta ahora entre los objetivos de Teherán, pero que podrían ser destruidos si la guerra volviera a intensificarse.
No anunció un ataque en curso ni identificó instalaciones concretas. La diferencia importa porque una amenaza política sobre infraestructura crítica puede elevar la incertidumbre sin demostrar que exista una operación preparada contra un cable o centro de datos específico.
Una nueva advertencia sobre la infraestructura digital del Golfo
En una entrevista con Press TV, el funcionario afirmó que activos tecnológicos vinculados con Estados Unidos en la región superan los US$ 2 billones. Esa valoración procede de Rezaei: no publicó un inventario, un método de cálculo ni una distribución entre cables, centros de datos y proyectos de IA que permita comprobar la cifra de manera independiente.
El dirigente también sostuvo que la respuesta estadounidense a las propuestas iraníes para reducir la confrontación era insuficiente. AP recogió en su cobertura tanto esa posición diplomática como la amenaza a la infraestructura tecnológica.
El mensaje sitúa a los activos digitales dentro del lenguaje de disuasión de Teherán, junto a sus advertencias sobre el tráfico marítimo, pero no demuestra que todos esos bienes pertenezcan a empresas estadounidenses.
Por qué un cable puede afectar a más de un país
Los cables submarinos transportan datos entre países, mientras los centros de datos alojan servicios utilizados por empresas, administraciones y usuarios.
Si una ruta quedara interrumpida, el efecto dependería de su capacidad, de las conexiones alternativas y del tiempo necesario para repararla. Un daño físico importante podría afectar comunicaciones o servicios digitales lejos del punto de impacto, aunque la existencia de rutas redundantes impide asumir que una avería aislada dejaría sin Internet a toda la región.
Un estudio del Stimson Center describe cómo las rutas submarinas y los centros de datos sostienen la expansión tecnológica del Golfo. También advierte que reparar cables bajo el mar exige buques especializados, permisos y condiciones de seguridad, factores que pueden alargar una interrupción en un área de conflicto.
La señal política y los datos que faltan
Por ahora, lo confirmado es la declaración pública del funcionario, no un ataque contra los activos citados. Tampoco se conoce una lista verificable de instalaciones que explique la cifra de US$ 2 billones. Esa cautela evita convertir una advertencia de guerra en un hecho consumado y permite distinguir entre el alcance potencial de un daño y la probabilidad real de que ocurra.
La próxima señal será si las negociaciones reducen la tensión o si aparecen medidas concretas para proteger cables, estaciones de aterrizaje y centros de datos. La amenaza amplía el foco del conflicto: además del petróleo y la navegación por Ormuz, ahora está en discusión la seguridad de la infraestructura que sostiene parte de la economía digital del Golfo.
