Ser tu propio banco con cripto (4/7): cómo cambiar una moneda por otra sin depositarla antes en un exchange

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Saga «Ser tu propio banco con cripto» – Entrega 4/7

Una persona tiene 1.000 USDC en su wallet y quiere convertir una parte en ETH. En el sistema financiero tradicional, y también en la mayoría de exchanges centralizados, cambiar un activo por otro empieza por el mismo gesto: entregar primero el dinero a una institución que lo custodia mientras la operación transcurre dentro de su propia infraestructura.

En un DEX -un exchange descentralizado- aparece una posibilidad distinta, porque la wallet puede interactuar directamente con infraestructura de mercado desplegada sobre una blockchain, sin ceder antes la custodia de los fondos. Y en cuanto se acepta esa idea surge la pregunta que ordena todo lo demás: ¿quién está del otro lado del intercambio?

Qué ocurre cuando pulsas «Swap»

Un swap es, en su forma más simple, intercambiar un criptoactivo por otro mediante infraestructura blockchain, sin que una mesa de operaciones ni un empleado tengan que aprobar la orden.

El recorrido conceptual es corto. La persona accede a la interfaz de un DEX, conecta su wallet y elige el activo que entrega, USDC, y el que quiere recibir, ETH; el protocolo le devuelve una cotización estimada, ella revisa la operación y la autoriza firmándola desde su propia wallet, y el intercambio se ejecuta on-chain hasta que el ETH recibido queda de nuevo bajo su control.

Detrás de ese único botón no hay necesariamente otra persona esperando del otro lado para cerrar el trato a mano, y comprender por qué es la parte más interesante de todo el proceso.

Quién está del otro lado

El concepto central es la liquidez on-chain: el capital disponible dentro del propio protocolo para facilitar operaciones. Muchos DEX resuelven el intercambio mediante pools de liquidez y mecanismos automatizados, mientras que otros recurren a libros de órdenes on-chain, a diseños híbridos o a agregadores, de modo que no existe un único modelo que sirva para describirlos a todos.

Un pool es un conjunto de activos aportados a un protocolo, disponible para facilitar intercambios bajo determinadas reglas.

Sobre esos pools operan los llamados Automated Market Makers (AMM), protocolos que emplean fórmulas y smart contracts para determinar cómo se ejecutan los intercambios y cómo se mueve el precio a medida que cambia la liquidez disponible. Ese automatismo explica por qué una persona puede intercambiar sin que ningún banco ni intermediario humano apruebe la operación.

La interfaz, además, suele coordinar más infraestructura de la que aparenta. Servicios como Uniswap o Jupiter muestran esa diversidad: Jupiter, por ejemplo, puede rastrear rutas de intercambio entre distintas fuentes de liquidez para intentar una ejecución más conveniente, lo que revela que el swap que el usuario ve como un gesto único puede apoyarse en varias piezas coordinadas por detrás.

Esa cotización que el DEX muestra es estimada por un motivo concreto. Cuando la liquidez es escasa, o cuando la operación es grande respecto del mercado disponible, puede aparecer slippage, la diferencia entre el precio esperado y el que finalmente se obtiene.

DEX y exchange centralizado: dos modelos, no un ganador

En un exchange centralizado el usuario normalmente crea una cuenta, deposita sus activos y opera dentro de la plataforma, dependiendo de la custodia y la infraestructura de la empresa, a cambio de comodidades como el soporte al cliente o herramientas adicionales.

En un DEX el usuario conecta su wallet, conserva el control de sus activos hasta el momento en que autoriza la operación, interactúa con smart contracts -código desplegado en blockchain que ejecuta las reglas del protocolo-, firma cada orden y, con ello, asume una responsabilidad mayor sobre lo que está aprobando. Ejecutar esas operaciones on-chain, además, tiene un coste: el gas o comisión de red que la blockchain cobra por procesarlas.

Ninguno de los dos modelos es universalmente mejor. Son arquitecturas diferentes, con ventajas, limitaciones y riesgos propios.

Menos intermediarios no es menos riesgo

Que una operación sea descentralizada no hace desaparecer los peligros. El slippage y la baja liquidez pueden deteriorar el precio; los smart contracts pueden contener vulnerabilidades; circulan tokens falsos e interfaces fraudulentas diseñadas para engañar; y una firma maliciosa, una red equivocada o un permiso aprobado sin comprenderlo pueden costar los fondos, a lo que se suma la volatilidad capaz de moverse durante los segundos que tarda la operación.

Hay una idea que atraviesa toda esta saga: eliminar determinados intermediarios no elimina el riesgo, sino que cambia dónde está y quién debe gestionarlo.

Muchos protocolos descentralizados han ido más allá del simple swap y hoy permiten futuros perpetuos, apalancamiento, órdenes avanzadas o derivados, pero esos terrenos exigen su propio análisis y quedan fuera de esta entrega, centrada en una única función: cambiar un activo por otro sin entregar antes su custodia a un exchange centralizado.

Lo que viene

Con esta entrega, la saga ya cubrió tres funciones: controlar los propios activos, mantener valor en stablecoins e intercambiar un criptoactivo por otro directamente desde la wallet.

Queda una pregunta nueva. ¿Qué ocurre cuando, en lugar de limitarse a guardar o intercambiar esos activos, una persona decide utilizarlos dentro de protocolos financieros para prestar, aportar liquidez o intentar obtener un rendimiento? Ahí empieza DeFi, y será el terreno de la quinta entrega.

¿Quieres seguir la saga completa? Descubre todas las entregas de Ser tu propio banco con cripto y aprende, paso a paso, cómo funciona cada pieza de este nuevo mapa financiero.

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Este contenido ha sido elaborado desde nuestra redacción.

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