EE.UU. desmantela una red de hackeo china que se infiltró en la Reserva Federal, la NASA y el Senado

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Estados Unidos anunció este miércoles que había interrumpido una operación de ciberespionaje china responsable de intrusiones en algunas de sus instituciones más sensibles, entre ellas la Reserva Federal, la NASA, el Senado y el propio Departamento de Justicia.

En un comunicado, el Departamento de Justicia y el FBI informaron que habían incautado, con autorización judicial, los dominios de dos plataformas de hackeo complementarias, bautizadas «QScan» y «QTRouter», que operaban en tándem para penetrar infraestructura crítica y otras redes sensibles dentro y fuera del país.

Según los documentos judiciales desprecintados en el Distrito Sur de California, detrás de ambas herramientas está un grupo patrocinado por el Estado chino conocido como «QTFY», empleado por la firma Nanjing Xinjiuwei Network Technology Company. El documento añade a la lista de víctimas al Departamento de Energía, al de Salud y Servicios Humanos, a los Institutos Nacionales de Salud y a cuatro compañías no identificadas en Estados Unidos y Corea del Sur.

Un botnet que se hacía pasar por tráfico local

Lo revelador no es solo a quién se atacó, sino cómo. QScan rastrea e infecta de forma automática miles de dispositivos del Internet de las Cosas repartidos por el mundo -routers, cámaras, equipos conectados- que luego pasan a engrosar la red QTRouter, un entramado de aparatos comprometidos al que se suman servicios comerciales de proxy y servidores privados virtuales alquilados.

Ese segundo componente funcionaba como una «red de ofuscación»: al enrutar las comunicaciones maliciosas a través de dispositivos ajenos, permitía a QTFY y a otros actores disimular el origen chino de sus intrusiones y hacerlas pasar por tráfico corriente.

El Departamento de Justicia asegura que las tres direcciones incautadas -qtproxy.xyz, qt-proxy.org y qt-team.com- estaban codificadas de forma rígida en el propio malware, de modo que la incautación dejó ambas plataformas inoperativas.

La actividad no es reciente. El documento sostiene que la infraestructura de QTFY se venía usando para comprometer redes críticas desde al menos 2018, y la investigación federal se remonta a 2019, cuando el FBI examinó una intrusión en la NASA que explotaba una vulnerabilidad ya parcheada en un software de acceso remoto.

El negocio del hackeo por encargo

El detalle que ordena toda la historia aparece en los documentos judiciales: QTFY vende servicios de intrusión a clientes que pagan, y entre esos clientes figuran el Ministerio de Seguridad del Estado -la agencia de inteligencia civil de China- y el Ejército Popular de Liberación.

Esa relación de contratista, más que la operación puntual, es lo que preocupa a quienes siguen el ciberpoder chino de cerca. «El número de empresas que ofrecen servicios ofensivos de nicho ha explotado» en la última década, resumió Dakota Cary, analista de la firma de ciberseguridad SentinelOne, describiendo un ecosistema en el que las intrusiones de alto perfil se subcontratan a firmas privadas que trabajan para varias agencias a la vez.

No es la primera vez que ese modelo queda expuesto. La filtración de documentos internos de la firma i-Soon en 2024, la detención en Italia del contratista Xu Zewei por la campaña HAFNIUM contra servidores Exchange, y las acusaciones contra los operadores vinculados a APT27 dibujan un mismo patrón: un mercado maduro de mercenarios digitales que le permite al Estado chino externalizar el riesgo y negar la autoría.

El fiscal general Todd Blanche enmarcó la incautación como una advertencia, al prometer que los hackers estatales que acechan la infraestructura estadounidense serán perseguidos y procesados. El director del FBI, Kash Patel, la presentó como un eslabón más de una estrategia que ya ha desmantelado varios botnets y campañas de malware atribuidos a Pekín.

Una negativa previsible

La Embajada china en Washington no respondió de inmediato a las solicitudes de comentario, en línea con la postura habitual de Pekín, que rutinariamente niega cualquier responsabilidad en actividades de hackeo.

La acción tiene un efecto inmediato y tangible -dos plataformas fuera de servicio, tres dominios bajo control federal- pero no toca la raíz. Mientras el modelo de contratación siga siendo rentable y la atribución siga siendo negable, la infraestructura desmantelada esta semana es reemplazable; lo que Washington golpeó fue una herramienta, no el mercado que la produce.

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