Así imaginan el dinero en 2030 los líderes financieros de Chile: abierto, tokenizado y con agentes al mando

Cuatro líderes financieros de Chile proyectan el dinero en 2030: sistema abierto, stablecoins invisibles, agentes de IA y la tokenización vuelta rutina.

En el panel que cerró el Blockchain Summit Latam Chile 2026, el moderador les pidió a cuatro de las voces más influyentes del sistema financiero chileno un ejercicio incómodo: describir, en un minuto, cómo será el dinero en 2030.

Alrededor de la mesa estaban José Gabriel Carrasco, presidente de Fintech Chile; Guillermo Acuña, cofundador de Koywe; Alexis Franco, presidente de la Cámara Blockchain de Chile; y Claudio Calderón, líder de negocios del Depósito Central de Valores (DCV). Sus respuestas, pese a venir de trincheras distintas, terminaron dibujando una misma foto.

Panel Sistema Financiero 2023 en BSL 2026. Fuente: CriptoTendencia

Un sistema abierto o nada

El primer consenso fue casi unánime: el futuro es abierto e interoperable, o no es. Para Carrasco, el sistema de finanzas abiertas es lo que «raya la cancha» y permite que los jugadores compitan con reglas claras, y esa apertura es hoy la principal palanca de competencia en un mercado tan concentrado como el chileno.

La pelea clásica entre bancos y fintechs, sostuvo, quedó atrás: casi la mitad de las fintechs ya trabaja con bancos, y muchas tienen a esos mismos bancos entre sus accionistas.

Acuña lo llevó al extremo. En su visión de 2030, el sistema tiene que ser abierto, rápido y montado sobre los rieles que están definiendo el futuro, que son los de blockchain, aunque no exclusivamente. Y remató con una advertencia: «el que no esté conectado va a morir». Nada de silos, porque quien quede aislado queda fuera del juego.

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La inteligencia artificial como punta de lanza

Si algo atravesó todas las proyecciones fue la inteligencia artificial. Carrasco fue tajante: la IA «llegó para cambiar todo», y de aquí a 2030 va a transformar por completo la forma en que se procesan los productos financieros, con agentes ejecutando tareas que hoy requieren intervención humana.

Lo ilustró con una idea concreta: recibir el sueldo una vez al mes empezará a sonar anticuado cuando cada día trabajado pueda acreditarse de inmediato, porque los procesos ya no dependerán de una persona apretando un botón.

Acuña recogió el guante desde el otro extremo de la cadena. Imagina agentes que mueven dinero -en cripto o en fiat- por cuenta del usuario, al punto de que, si se les otorgan los permisos, ni siquiera haga falta aprobar cada transferencia. Y para dimensionar la velocidad del cambio, recordó una entrevista de Elon Musk en la que el empresario afirmó que hacia 2036 el dinero perdería sentido; si eso fuera cierto, dijo, en 2030 estaríamos apenas a mitad de camino.

Stablecoins y dinero programable, sin que nadie lo note

Consultado por el uso masivo de stablecoins, Acuña anticipó una combinación de dos mundos: una infraestructura de micropagos corriendo sobre stablecoins, y a la vez grandes movimientos de tesorería de compañías que necesitan rebalancear millones un viernes por la noche, algo mucho más simple sobre estos rieles que sobre los tradicionales.

Lo más disruptivo, planteó, es que la transición será invisible: muchas empresas descubrirán que su propio banco ya está operando con stablecoins sin habérselo dicho, y el usuario final ni se enterará.

En el fondo, describió dos universos paralelos -el de las finanzas tradicionales y el del blockchain- cada vez más entrelazados, con la IA acelerándolo todo. No es especulación de laboratorio: mencionó que un gigante como JPMorgan ya mueve enormes volúmenes con su propia stablecoin, usando los depósitos de sus clientes.

El cimiento no es la tecnología

Frente a ese entusiasmo, las voces de la infraestructura pusieron el ancla. Para Calderón, del DCV, la tokenización «va a dejar de ser una conversación» y pasará a ser parte del mercado financiero tradicional, pero insistió en que lo decisivo no es la tecnología. Lo que sostiene un mercado con confianza son cuatro certezas: la gestión del riesgo, la certeza jurídica, la flexibilidad operativa y la protección de la propiedad. Sin ellas -y sin interoperabilidad-, el sistema se fragmenta en silos que no se comunican.

Franco puso el énfasis en un cimiento aún más básico: la identidad digital, y descentralizada. Antes que los activos digitales, antes que la tokenización o los contratos inteligentes, sostuvo, está la capacidad del ciudadano de gestionar su propia identidad y decidir quién accede a sus datos. Sobre esa base -un registro sano, ejecutable y accesible para todos- se construye la confianza, y con ella la soberanía de cada persona sobre sus bienes.

El momento más bello

El cierre tuvo un tono casi épico. Franco lo formuló sin rodeos: estamos, dijo, ante «el momento más bello de la historia occidental», porque es la primera vez que el ser humano puede ser efectivamente libre y dueño de sus bienes. Carrasco coincidió en la vena optimista, al describir el presente como «uno de los momentos más bonitos de la humanidad», con la cancha más abierta que nunca.

La foto final, sin embargo, no es de acuerdo total, y ahí está su riqueza. Calderón mantiene el ancla en el registro y la certeza jurídica; Acuña coquetea con la idea de un dinero que hacia 2030 empieza a perder su forma conocida; Carrasco apuesta a la IA como punta de lanza; Franco, a la identidad y la soberanía.

Lo que sí comparten es la dirección -un sistema abierto, interoperable, programable- y la convicción de que el camino es colaborativo. No por casualidad, en plena mesa, Fintech Chile y la Cámara Blockchain acordaron trabajar juntas de aquí en adelante. En 2030, parecen decir, nadie llega solo.

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