El mercado Forex vivió este jueves uno de sus movimientos más violentos del año: el gobierno de Japón intervino para comprar yenes y vender dólares, mientras las autoridades estadounidenses ejecutaban un rate check -el sondeo de cotizaciones que suele anticipar una intervención-, en una señal de que Tokio y Washington coordinan esfuerzos para frenar la depreciación de la divisa nipona.
El golpe fue tan brusco que el dólar registró su peor caída diaria frente al yen desde 2022.

La operación coordinada
El movimiento arrancó cerca de las 9:30 de la mañana, hora del este: en apenas cincuenta minutos el yen se fortaleció desde la zona de 162,80 hasta el rango de 157 por dólar, impulsado por compras masivas del gobierno japonés. La divisa después cedió hacia los 159 antes de volver a apreciarse hasta la franja alta de los 158 pasada la una de la tarde.
En paralelo, la Reserva Federal de Nueva York, por instrucción del Tesoro, pidió a varios bancos cotizaciones de tipo de cambio, la operación conocida como rate check.
Que ambos gobiernos actúen sobre el mercado al mismo tiempo es algo inusual, y refuerza la lectura de una jugada concertada: ya en enero se había producido un sondeo similar, que la Fed reconoció en febrero como preparación para una eventual venta de dólares.
Por qué ahora
El momento no fue casual. El yen había tocado la zona de 163 por dólar el 21 de julio, su nivel más débil en casi cuarenta años, y sin embargo el mercado había bajado la guardia: la volatilidad implícita a un mes cayó por debajo del 6% poco antes del repunte, su menor nivel en cuatro años y medio, mientras se relajaba la demanda de coberturas contra un yen más fuerte. Sobre ese exceso de confianza actuaron las autoridades.
Pesó además el contexto estadounidense. Tras el FOMC del miércoles, que dejó las tasas sin cambios, el presidente de la Fed, Kevin Warsh, sembró dudas al afirmar que las subidas de tipos no pueden ser la única herramienta contra la inflación, lo que llevó a los operadores a recortar sus expectativas de alzas cercanas.
Con datos de crecimiento e inflación más débiles de lo previsto y un dólar ya en retroceso, Tokio encontró el terreno ideal para que su intervención rindiera más, a diferencia de abril, cuando operó contra un billete verde en plena fortaleza.
Por qué la historia juega en contra
La duda de fondo es si el golpe tendrá efecto duradero, y el antecedente reciente invita a la cautela. Entre abril y mayo Japón desplegó cerca de 12 billones de yenes en intervenciones; la divisa se disparó al principio, pero en unos dos meses no solo devolvió lo ganado sino que perforó los niveles previos a la operación.
El problema es estructural: mientras el diferencial de tasas con Estados Unidos siga abierto, el carry trade seguirá premiando las posiciones cortas en yenes, y una intervención solo ofrece a los especuladores una mejor entrada. Su éxito dependerá de que logre forzar el desarme de esas apuestas.
La verdadera bisagra llega el viernes, cuando el Banco de Japón anuncie su decisión: se espera que mantenga las tasas, pero si el gobernador Kazuo Ueda insinúa subidas más tempranas de lo previsto, la apreciación del yen podría acelerarse y darle a la intervención el respaldo que por sí sola no puede sostener.
