La paradoja bursátil del día llegó desde Seúl. Samsung Electronics presentó este martes su guía de resultados del segundo trimestre con una utilidad operativa preliminar de 89,4 billones de wones (unos 58.400 millones de dólares), cifra que supera el consenso del mercado y que se compara con los apenas 4,7 billones de wones del mismo período del año anterior.
El salto interanual, de 1.810,3%, equivale a multiplicar las ganancias por más de 19 en doce meses, y sin embargo la respuesta del mercado fue una ola de ventas que arrastró a todo el sector de semiconductores surcoreano.
Los ingresos del trimestre alcanzaron los 171 billones de wones, un incremento de 129,3% frente al año anterior, mientras que en la comparación secuencial la utilidad operativa creció 56,2% y la facturación 27,7% respecto al primer trimestre.
El resultado superó el consenso de FnGuide, que proyectaba 84,8 billones de wones de utilidad operativa sobre la base de 25 casas de bolsa del país, y marca el tercer trimestre consecutivo de récord absoluto tanto en ingresos como en ganancias para la compañía.
La dimensión del número merece contexto: la cifra supera los récords trimestrales de Nvidia (unos 53.500 millones de dólares) y de Apple (aproximadamente 50.900 millones), lo que convierte el resultado en un hito sin precedentes entre las grandes tecnológicas globales. Más aún, analistas estiman que sin las provisiones para bonos de sus trabajadores de semiconductores, pactadas en la negociación salarial de mayo, la utilidad operativa habría superado los 100 billones de wones.
El mercado vende la noticia
Nada de esto impidió el castigo bursátil. Las acciones de Samsung, que se han quintuplicado en el último año, llegaron a caer más de 8% durante la sesión ante el temor de un eventual exceso de oferta en la industria de la memoria, mientras que su rival SK Hynix retrocedía 7,3% y el índice KOSPI perdía más de 6%, en una jornada tan tensa que la Bolsa de Corea llegó a activar un sidecar de venta a media mañana, con el índice perforando la barrera de los 8.000 puntos.

La explicación no está en los fundamentos sino en las expectativas. Analistas atribuyen la caída a que el mercado, en su optimismo, había llegado a descontar utilidades operativas de entre 90 y 100 billones de wones incluso después de contabilizar las provisiones por bonos. Cuando el listón está tan alto, superar el consenso oficial deja de ser suficiente. A ello se suma un flujo vendedor persistente: los inversionistas extranjeros acumulan trece jornadas consecutivas de ventas netas en el KOSPI.
La apuesta de los 800 billones
El trasfondo estructural sigue siendo alcista para la memoria. Los precios de los chips continuaron subiendo durante el trimestre a medida que el gasto en inteligencia artificial se extendió más allá de la memoria HBM -donde Samsung es uno de los tres únicos fabricantes del mundo capaces de abastecer a gigantes como Nvidia, AMD y Google- hacia los productos convencionales DRAM y NAND.
La demanda desborda incluso hacia el negocio de fabricación por contrato: según Nikkei Asia, la compañía registra un aumento de consultas de clientes globales como BYD, Google, AMD y Tesla, en un momento en que la capacidad del líder del sector, TSMC, opera bajo fuerte tensión.
Sobre esa base se construye la jugada de largo plazo anunciada la semana pasada: el presidente Lee Jae Myung presentó junto a las cúpulas de Samsung y SK Hynix un plan de inversión de 800 billones de wones para levantar cuatro nuevas fábricas de chips -dos por cada compañía- con el objetivo de duplicar la capacidad de producción de DRAM en cinco años.
El mensaje de fondo es que Corea del Sur no piensa ceder terreno en la carrera de la infraestructura de inteligencia artificial. El mercado, por ahora, prefiere cobrar las ganancias acumuladas antes que celebrar. La compañía publicará sus resultados completos, incluida la utilidad neta, a finales de este mes, y esa será la próxima prueba de fuego.
