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Recientemente, la directora del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, advirtió que el impacto de la inteligencia artificial sobre el mercado laboral podría sentirse como un «tsunami». Esta visión coincide con la de otros analistas que proyectan que, en pocas décadas, los robots impulsados por IA igualarán en número a los trabajadores humanos.

En un reporte de CNBC, Rob Garlick, ex ejecutivo de innovación de Citi, expuso estimaciones que refuerzan esta tendencia. Según su análisis, en aproximadamente 20 años el número de robots y trabajadores humanos podría equipararse. Más allá de la competencia directa, subrayó que los robots ofrecen ventajas significativas en términos de eficiencia y escalabilidad.

El costo de adquirir un robot, sostiene, tenderá a ser cada vez más bajo, mientras que el retorno de inversión podría resultar más rápido en comparación con la contratación de personal humano. Esto se debe no solo a la capacidad física superior de los sistemas automatizados, sino también a su potencial para ejecutar tareas complejas y procesar grandes volúmenes de información.

Si los robots humanoides impulsados por IA superan a los humanos en análisis, conocimiento y resolución de problemas, podrían convertirse en herramientas extremadamente rentables para las empresas. Garlick advierte que esta dinámica ya refleja un liderazgo corporativo enfocado en maximizar rentabilidad, lo que acelera la adopción de tecnologías automatizadas.

El problema de los robots de IA ya se manifiesta

El desplazamiento laboral asociado a la IA no es un fenómeno lejano. En Estados Unidos ya se observan efectos concretos. Según datos de Challenger citados por CNBC, en 2025 alrededor de 55.000 despidos estuvieron vinculados al reemplazo de trabajadores humanos por sistemas basados en IA.

McKinsey, por ejemplo, cuenta actualmente con aproximadamente 20.000 agentes de IA frente a 40.000 empleados humanos. Hace un año, los sistemas automatizados eran cerca de 3.000, lo que evidencia un crecimiento acelerado. Un ejecutivo de la firma afirmó al mismo medio que en un plazo cercano a 18 meses ambos grupos podrían igualarse en número.

Por ahora, la IA impacta con mayor intensidad en empleos intelectuales o de «cuello blanco». No obstante, el desarrollo de robots humanoides sugiere que en el futuro también podrían verse afectados trabajadores manuales, incluyendo electricistas, obreros y empleados domésticos.

El avance tecnológico plantea interrogantes estructurales. Si una parte significativa de los puestos de trabajo es absorbida por sistemas automatizados, podría generarse una contracción en la liquidez y el consumo, afectando la dinámica económica. Una masa creciente de capital podría circular entre empresas sin generar nueva demanda si el empleo humano disminuye de forma sustancial.

¿Una amenaza existencial?

El escenario más extremo plantea que una proporción amplia de la fuerza laboral actual quedaría desplazada. Aunque las empresas podrían experimentar mejoras temporales en rentabilidad, el deterioro del empleo podría debilitar la demanda agregada, afectando cadenas minoristas, proveedores, entidades financieras y sistemas crediticios.

La experiencia reciente muestra que las condiciones económicas adversas tienden a reducir la tasa de natalidad. En un contexto donde la automatización avance con rapidez, algunos analistas temen que la combinación de desempleo estructural y menor consumo impacte también en la demografía global.

Bajo esta hipótesis, una sociedad envejecida sin reemplazo generacional suficiente podría enfrentar desafíos económicos y sociales de gran magnitud. La incógnita es hasta qué punto esta tendencia se consolidará.

Recientemente, Sam Altman, CEO de OpenAI y uno de los impulsores de ChatGPT, afirmó que la regulación es urgente para mitigar riesgos asociados al avance acelerado de la inteligencia artificial.

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