Vitalik Buterin habla sobre la cruda realidad de la vigilancia

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El cofundador de Ethereum, Vitalik Buterin, generalmente habla sobre numerosos temas relacionados con tecnología. En esta oportunidad, el experto fijo su atención en uno particularmente interesante y es el ascenso de la vigilancia contra los ciudadanos. Gobiernos autoritarios de todo el mundo se aprovechan de la innovación para mantener el control de las personas. 

En una publicación en su cuenta de X, el experto hizo una profunda reflexión sobre el artículo «el telón de acero digital» en Irán. Su análisis va más allá de la genérica crítica a los regímenes autoritarios. El mismo es una advertencia global sobre cómo la tecnología está alterando permanentemente el equilibrio de poder entre el individuo y el Estado.

Buterin comienza con una autocrítica hacia los defensores de la libertad. En ese sentido, argumenta que suelen usar la etiqueta «distópico» como un «parón semántico», es decir, una palabra que usamos para decir que algo es malo y detener ahí la conversación.

El problema de este enfoque es que, para alguien ajeno a nuestra burbuja cultural, la crítica suena meramente estética. Si criticamos a un país o empresa por ser «distópicos» sin explicar las consecuencias materiales, parece que solo nos quejamos porque no comparten nuestras preferencias visuales o culturales.

Sin embargo, la vigilancia masiva en lugares como Irán no es mala porque sea «fea» o «aterradora», remarca Vitalik Buterin. Agrega que es mala porque degrada una propiedad concreta del mundo como lo es la capacidad de desafiar el statu quo.

Los tres grandes problemas según Vitalik Buterin: dictadura, vigilancia y automatización

Citando The Dictator’s Handbook, Buterin explica que los gobiernos más humanos son aquellos que necesitan una «coalición amplia» para mantenerse en el poder (es decir, deben mantener felices a muchos). Los gobiernos más peligrosos son los de «coalición pequeña».

La tecnología moderna está permitiendo que esa coalición se reduzca drásticamente. En el pasado, incluso el dictador más feroz necesitaba un ejército de seres humanos que estuvieran dispuestos a disparar contra sus propios vecinos. Hoy, la vigilancia total combinada con drones y patrullaje automatizado permite vislumbrar un futuro oscuro: un régimen que sobrevive con una coalición de tamaño uno. 

Si tienes «ojos que todo lo ven» y robots que ejecutan órdenes sin cuestionar la moralidad, no necesitas el consentimiento de nadie para gobernar. En Irán, la vigilancia ya permite castigar cualquier intento de disidencia antes de que tome fuerza. Si añadimos la guerra automatizada a la ecuación, el resultado es un poder absoluto e inamovible.

Occidente y Oriente controlan con distintas tonalidades

Uno de los puntos más provocadores de la publicación de Buterin es su negativa a pintar a Irán, Rusia o China como los únicos villanos. Si bien reconoce que estos estados ejercen un control total sobre un área geográfica mediana, señala que Occidente practica un modelo distinto pero igualmente maligno.

De tal manera, empresas de tecnología en EE. UU. e Israel, según Buterin, ejercen un control mediano sobre un área global. Esta vigilancia transnacional permite que una potencia extranjera pueda chantajear, presionar o atacar a funcionarios de otros países sin tener presencia física allí.

La diferencia es sutil pero clave:

  1. El modelo autoritario clásico: «Veo todo lo que haces en mi territorio y te aplasto si me desafías».
  2. El modelo de vigilancia global: «Sé lo que haces en cualquier parte del mundo y puedo proyectar poder sobre ti sin importar las fronteras».

Ambos modelos son peligrosos. El primero elimina la libertad interna; el segundo socava la soberanía y permite que actores poderosos manipulen democracias ajenas, de acuerdo con la reflexión de Vitalk Buterin. 

La privacidad es el gran escudo contra la vigilancia

¿Cuál es la solución ante este panorama? Buterin admite que no tiene una respuesta definitiva, pero apuesta por la tecnología de privacidad y el derecho humano al Internet resistente a la censura (sugiriendo incluso que un acceso básico de 1 Mbps debería ser un derecho global fuera de la soberanía estatal).

Su tesis final es poderosa: la privacidad ayuda a quien es más débil. Aunque es cierto que la privacidad puede ser usada por criminales, en el siglo XXI, el riesgo mayor no es el crimen individual, sino el «bloqueo inquebrantable» del poder por parte de las facciones más fuertes. 

Sin privacidad, no hay posibilidad de organización. Paralelamente, sin organización no hay cambio político y sin cambio político, la sociedad está condenada a regímenes que no necesitan rendir cuentas a nadie, según la reflexión del experto.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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