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La mera posibilidad de que las firmas emisoras de stablecoins ofrezcan rendimientos a los usuarios podría convertirse en un escenario de pesadilla para los bancos tradicionales. En términos simples, esto erosionaría de forma directa la competitividad del sistema bancario, generando un riesgo de desestabilización financiera.

Por esta razón, el sector bancario se ha posicionado como uno de los principales opositores al avance pleno de las monedas estables en Estados Unidos.

De hecho, la Asociación de Banqueros Estadounidenses (ABA) ha convertido la lucha contra las stablecoins en su máxima prioridad de cara a 2026. El trabajo de lobby de esta organización ha logrado que numerosos legisladores adopten una postura crítica frente a iniciativas regulatorias como CLARITY.

Dentro de su agenda para 2026, los banqueros privados de Estados Unidos también incluyen la lucha contra el fraude financiero y la eliminación de límites que consideran arbitrarios sobre las tasas de interés. Sin embargo, según el CEO de la ABA, Rob Nichols, ningún otro punto reviste la urgencia que tiene frenar el avance de las stablecoins con rendimientos.

Para los bancos, los intereses asociados a las stablecoins no son un detalle menor, sino un asunto existencial. Desde su perspectiva, impedir que este mercado evolucione hacia una etapa de rendimientos es absolutamente indispensable para la estabilidad del sistema financiero.

En palabras de Nichols, el objetivo es «evitar que las stablecoins de pagos se conviertan en sustitutos de los depósitos, reduciendo de forma drástica la capacidad de préstamo de los bancos comunitarios».

Esta postura incluye la prohibición explícita de intereses, rendimientos o recompensas, «independientemente de la plataforma» desde la que se ofrezcan.

El gran problema de los rendimientos de las criptomonedas

Según los banqueros, permitir que los emisores de monedas estables ofrezcan rendimientos constituye una ventaja competitiva injusta. En la práctica, estas plataformas funcionarían como cuentas de ahorro, pero sin someterse a las exigencias regulatorias que pesan sobre los bancos.

Las entidades bancarias están obligadas a pagar seguros de depósitos, mantener reservas estrictas y cumplir con regulaciones costosas. En cambio, las empresas del sector cripto pueden esquivar estas cargas al presentar los rendimientos como «recompensas promocionales».

A juicio de la ABA, esta situación configura una competencia desleal: mientras los bancos solo pueden ofrecer rendimientos muy bajos, las stablecoins pueden pagar hasta 3 puntos porcentuales adicionales.

El resultado sería una migración progresiva de ahorros desde los bancos hacia el ecosistema cripto, con consecuencias potencialmente graves. Aunque la ley GENIUS prohíbe de forma explícita que los emisores de stablecoins paguen intereses, existen vacíos regulatorios que permiten eludir esta restricción.

Por ejemplo, los exchanges pueden ofrecer rendimientos que las emisoras no están autorizadas a pagar directamente. De este modo, los incentivos se canalizan hacia plataformas centralizadas o protocolos de finanzas descentralizadas, aumentando el atractivo del sector cripto frente al sistema bancario tradicional.

Este loophole genera alarma tanto en bancos grandes como pequeños, que reclaman a los legisladores su cierre inmediato para evitar una fuga masiva de depósitos.

Las consecuencias del peor escenario

Si la ABA fracasa en su intento y las stablecoins logran ofrecer rendimientos de forma generalizada, las consecuencias podrían ser delicadas. Una salida masiva de depósitos desde los bancos hacia el sector cripto reduciría de manera significativa la capacidad de las entidades para otorgar créditos.

Esto se traduciría en mayores restricciones para préstamos hipotecarios, créditos al consumo y financiamiento para pequeñas y medianas empresas. En el peor de los casos, una migración abrupta de capitales podría derivar en quiebras de bancos medianos y pequeños, particularmente aquellos con menor diversificación de ingresos.

El dilema para las autoridades es que prohibir los rendimientos de las stablecoins no garantiza la retención de los depósitos. Los usuarios podrían trasladar su capital hacia stablecoins extranjeras o incluso hacia monedas digitales de bancos centrales que ofrezcan mejores incentivos. Un escenario que, paradójicamente, podría debilitar aún más el dominio global del dólar.

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