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China está ejecutando un movimiento silencioso pero estructural en la composición de sus reservas. Nuevos datos muestran que las tenencias chinas de bonos del Tesoro de Estados Unidos han caído hasta aproximadamente $680.000 millones, el nivel más bajo en 18 años, mientras que sus reservas de oro alcanzan máximos históricos cercanos a 74 millones de onzas.

El dato no es aislado ni reciente. Forma parte de una tendencia que se viene desarrollando desde hace más de una década, pero que en el contexto actual adquiere una lectura distinta: tensiones geopolíticas persistentes, sanciones financieras como herramienta política y un sistema monetario cada vez más fragmentado.

Menos Treasuries, menos dependencia

Durante años, China fue uno de los mayores acreedores de Estados Unidos. Sin embargo, desde 2014 sus tenencias de Treasuries muestran una trayectoria descendente casi constante. La caída hasta los $680.000 millones no responde a un evento puntual, sino a una estrategia gradual de reducción de exposición al dólar estadounidense como activo de reserva dominante.

Este ajuste no implica una salida abrupta ni un colapso del mercado de deuda estadounidense. Lo que refleja es una búsqueda de mayor autonomía financiera, especialmente en un entorno donde los activos denominados en dólares pueden quedar expuestos a decisiones políticas externas.

El oro como activo estratégico

En paralelo, el oro vuelve a ocupar un rol central en la arquitectura de reservas chinas. Las cifras más recientes sitúan las reservas en torno a las 74 millones de onzas, niveles récord según datos del FMI y compilaciones de Bloomberg.

A diferencia de los bonos soberanos, el oro no tiene riesgo de contraparte, no puede ser congelado y mantiene su valor como reserva neutral en escenarios de alta incertidumbre. Para un país que busca reducir vulnerabilidades externas, su acumulación funciona como un seguro geopolítico más que como una apuesta especulativa.

Una señal del nuevo orden financiero

El gráfico que compara la caída de las tenencias de Treasuries con el aumento del oro muestra una divergencia clara. No se trata solo de China. Es una dinámica que también se observa, en distinta escala, en otros bancos centrales del mundo emergente.

La lectura clave no es que el dólar esté «terminado», sino que su hegemonía ya no es incuestionable. El sistema financiero global avanza hacia una mayor fragmentación, con reservas más diversificadas y menor dependencia de un único centro de poder monetario.

Qué deberían mirar los mercados

Para los inversores, este movimiento no es una señal inmediata de crisis, pero sí un indicador estructural. Cambios en la composición de reservas suelen anticipar transformaciones más profundas en flujos de capital, política monetaria y activos refugio.

Cuando los bancos centrales ajustan su comportamiento, los mercados suelen reaccionar tarde. Y cuando los datos dejan de ser ruido y se convierten en tendencia, ya no hay titulares que sorprendan.

-Mr. Market

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