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Brian Armstrong, CEO de Coinbase, escribió algo breve en X que pasó bastante desapercibido, pero que resume uno de los cambios más profundos que pueden venir para los mercados financieros.
No habló de precios, no habló de Bitcoin, no habló de hype. Habló de acciones tokenizadas. Y de por qué, según su visión, van a ser enormes.
Armstrong enumeró varias razones: acceso global, compra fraccionada, trading 24/7, liquidación en tiempo real, futuros perpetuos y nuevos modelos de gobernanza. A primera vista, parecen ventajas técnicas; sin embargo, al analizarlas detenidamente, representan una redefinición completa del funcionamiento del mercado bursátil actual.
El punto central no es tecnológico, es estructural. La bolsa tradicional sigue funcionando con horarios limitados, intermediarios múltiples, liquidaciones lentas y barreras de entrada claras según país, capital y tipo de inversor. La tokenización rompe casi todas esas reglas al mismo tiempo.
Cuando una acción deja de ser solo un papel y pasa a comportarse como software
Una acción tokenizada no es solo «una acción en blockchain». Es un activo que puede:
- Comprarse en fracciones mínimas.
- Operarse las 24 horas, todos los días.
- Liquidarse casi en tiempo real.
- Integrarse con derivados de forma nativa.
- Llegar a usuarios fuera del sistema financiero tradicional.
Eso no solo beneficia a inversores minoristas. También es atractivo para empresas públicas que buscan más liquidez, más alcance global y menos fricción operativa.
El detalle más interesante del mensaje de Armstrong está en lo que no desarrolló: la gobernanza. Si las acciones pasan a vivir en infraestructuras programables, se abre la puerta a modelos completamente nuevos de voto, dividendos, derechos y participación. Algo que hoy es rígido y burocrático podría volverse dinámico y casi en tiempo real.
No significa que todo esto vaya a pasar mañana. Tampoco que los mercados tradicionales vayan a desaparecer. Pero sí marca una dirección clara: los límites entre cripto y finanzas tradicionales siguen difuminándose, y esta vez no viene desde una startup marginal, sino desde el CEO de uno de los exchanges más grandes del mundo.
La tokenización ya no es un concepto técnico aislado. Empieza a colarse en la conversación financiera más amplia y a dar pistas de cómo podrían evolucionar los mercados cuando la infraestructura deje de ser la misma.
No es una promesa. Es una advertencia suave: el concepto de «acción» está empezando a mutar. Y como suele pasar con estos cambios, cuando se vuelven obvios, ya llevan tiempo en marcha.

















