Noticias

Criptolíderes en la era del Bitcoin

single-image
+

Yo creía que era cosa de mi cuadrilla. Pero no. Ha sido un fenómeno universal. Según ha escrito Roula Khalaf en Financial Times, las dos preguntas que han salido en todas las conversaciones navideñas han sido: «¿Están comprando tus hijos bitcoins?» y «¿Te han convencido a ti para que inviertas?».

Yo me acojo a la palabra de Warren Buffett, cuya firma de inversión, Berkshire Hathaway, está entre las 10 empresas con mayor capitalización bursátil del mundo: «Ya tengo suficientes problemas con las cosas de las que sé algo. ¿Por qué tendría que tomar posiciones en algo de lo que no sé nada?».

Para los que no sabemos, Juan Ignacio Crespo publicó hace unos días una Tribuna en este periódico. «Más que una moneda (el Bitcoin) es un tipo de activo nuevo en el que se puede invertir como si fueran acciones (…). No está respaldado por nada: no hay fábricas, ni almacenes, ni negocios que le den soporte». Obviamente, no hay un banco central que la respalde con sus reservas en oro y divisas. «No es ilegal. No está autorizada ni prohibida».

El Bitcoin es la más célebre de las criptomonedas. Del griego kryptos, oculto, poco manifiesto. El Bitcoin es virtual. Muchos autores coinciden en que es la revolución tecnológica más grande desde la creación de Internet.

«Lo realmente genial del Bitcoin es que el proceso de minar nuevas monedas crea un registro público de cada transacción. Así que no necesitas un banco. Adiós comisiones», ha escrito Matt O’Brien en The Washington Post.

Crespo explica así la minería de la criptomoneda: «El Bitcoin se obtiene en Internet resolviendo los rompecabezas que plantea un programa informático». Cualquiera puede hacerlo pero… se necesitan ordenadores superpotentes que consumen mucha energía.

Exactamente el 0,17% de toda la electricidad que se produce en todo el mundo. Que el porcentaje no le engañe, es el consumo de un país como Dinamarca. Por eso el Gobierno chino, donde se minan las tres cuartas partes de los bitcoins del mundo, está cerrando factorías.

Sin controles institucionales ni privados, el Bitcoin es el vehículo perfecto para dos cosas: transferir dinero negro o gris y especular.

Buffett ya ha advertido de que las criptodivisas «tendrán un mal final». Porque los millennials están especulando con fruición. Un Bitcoin valía 1.000 dólares a comienzos de 2017. El viernes, 13.971. Si a usted le asustan las emociones fuertes, no entre en este negocio: llegó a valer 19.000 dólares.

La fiebre del Bitcoin ha llegado a extremos inconcebibles. Una pyme en dificultades, Long Island Iced Tea, cambió su nombre por el de Long Blockchain (el nombre de la tecnología que soporta el minado) y su capitalización bursátil aumentó en 43 millones de dólares.

Kodak sumó 312 millones a su valor en Bolsa tras anunciar que va a sacar una criptomoneda para que los fotógrafos puedan cobrar por sus fotos que aparecen en Internet.

Yo me propuse no escribir del tema hasta que no se produjeran dos hechos. Un crimen común y una transacción inmobiliaria en España.

Hecho y hecho. Pavel Lerner, ciudadano ruso, alto ejecutivo de una casa de cambio de criptodivisas registrada en Londres, fue secuestrado en los últimos días de diciembre.

Varios encapuchados vestidos de oscuro le obligaron a subir a un Mercedes negro a plena luz del día en Kiev. Dos días después fue liberado tras pagar un millón de dólares en bitcoins, según publicó en su portada Financial Times, citando como fuente a un consejero del Ministerio del Interior ucraniano.

La transacción inmobiliaria se produjo en Tarragona el jueves, según contó La Vanguardia. Un ático céntrico cambió de manos por 40 bitcoins, unos 550.000 euros.

En Tarragona. En plena Tabarnia, ese país virtual que acoge a los catalanes que no quieren la independencia. Ese espejo en el que pueden verse reflejadas las fantasías argumentales del procés.

Tan virtual como ese supuesto Govern de la República de la Generalitat de Catalunya que preside Carles Puigdemont. Quien pretende apañar una investidura por Skype.

La burbuja del procés puede reventar entre veteranos que se van (Artur Mas), cabecillas que reniegan ante el juez (Joaquim Forn, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart) y espantás como las de Carme Forcadell y Carles Mundó.

Fue un subidón emocional altamente especulativo. Nos queda ver el combate final entre Oriol Junqueras, un líder en «incapacidad legal prolongada», como argumentó el juez Pablo Llarena, y Puigdemont, criptopresident en tiempos de Bitcoin.

Con Pablo Iglesias, ayer ubicuo, hoy missing, como testigo… mudo. Criptolíder (en la tercera acepción de cripto, «menos ostensible que lo habitual»). Y criticábamos a Rajoy por sus comparecencias en plasma. Se adelantaba a la era del Bitcoin. ¡Qué tiempo te ha tocado, Mariano!

Fuente: El Mundo

 
The following two tabs change content below.

CriptoTendencia

Este contenido ha sido elaborado desde nuestra redacción.

Deja un comentario