Una campaña de carteles inspirados en los avisos del Lejano Oeste ayudó a localizar «Un Buveur», del pintor neerlandés Willem Cornelisz Duyster, desaparecido de las colecciones de Orleans desde 1940. La pintura del siglo XVII apareció en un catálogo de subastas suizo y su poseedor aceptó devolverlo gratuitamente, según RELICT.
Una búsqueda que convirtió las ausencias en carteles
La iniciativa «Wanted» fue presentada públicamente en julio por el Museo de Bellas Artes de Orleans. La lista de partida reunía 424 pinturas desaparecidas en distintos momentos, entre ellas unas 350 vinculadas al Museo Paul Fourché, una dependencia que fue saqueada y posteriormente incendiada durante el caos de junio de 1940.
El objetivo era involucrar a profesionales del mercado artístico, coleccionistas y vecinos en una tarea que el equipo no puede abarcar por sí solo. Las imágenes de las obras ausentes, acompañadas por el reclamo «Wanted», permiten reconocer piezas vistas en una sucesión, una colección privada o una venta.
Detrás de esa comunicación hubo dos años de trabajo documental. Los responsables reunieron referencias de inventarios, catálogos, archivos y anotaciones para elaborar descripciones que facilitaran la identificación, mientras las reproducciones disponibles también se incorporaban a las salas para dar visibilidad a lo que faltaba.
Otras restituciones obtenidas antes de la campaña alentaron al museo a ampliar esa investigación y a incorporar nuevos colaboradores en la búsqueda de las piezas.
Una subasta en Lucerna aportó la pista
Le Journal des Arts identificó al descubridor como Jean-Bernard Rouilly, antiguo anticuario de Orleans. Encontró la pintura en el catálogo de una venta prevista para el 17 de octubre en Lucerna y avisó al museo, que inició un intercambio de fotografías con los responsables de la subasta.
La identificación no resultó inmediata: los repintes que presentaba la tela habían alimentado la hipótesis de que se trataba de otra versión del original. Las dudas se despejaron mediante análisis y comparaciones con las fotografías conservadas en el inventario del Museo Fourché, antes de acordarse la devolución.
Ese archivo visual es especialmente valioso porque, de las 424 obras buscadas, solamente 52 estaban documentadas con fotografías, según el mismo reporte. La recuperación muestra el papel que pueden cumplir esas imágenes históricas cuando una pieza reaparece con cambios en su superficie o bajo una identificación diferente.
La devolución sigue su curso
El poseedor había adquirido el cuadro en una subasta londinense durante los años noventa. Tras recibir la documentación que lo vinculaba con la colección francesa, ofreció restituirlo sin contraprestación. La información difundida este 4 de noviembre situaba la obra todavía en trámites aduaneros para su regreso a Francia.
La directora Olivia Voisin señaló que la pintura presenta huellas de repintes y de intentos de limpieza. Por ello, la localización resuelve una parte de su historia, mientras el estado material del lienzo sigue siendo un elemento relevante de su retorno.
El comunicado inicial de la búsqueda recordaba que las pérdidas no se limitaban a la guerra: también hubo desapariciones de piezas depositadas en oficinas administrativas y en otras épocas. Esa diversidad explica la amplitud del proyecto y la necesidad de seguir cada trayectoria por separado.
