Emiratos Árabes Unidos habría acordado volver a financiar a fuerzas yemeníes que combaten a los hutíes en el sur, mientras Arabia Saudita les proporcionaría cobertura aérea. El entendimiento fue descrito por fuentes en Yemen al Guardian este sábado 17 de octubre, en medio de una nueva escalada del conflicto.
La información apunta a una coordinación concreta entre Abu Dabi y Riad, pero no equivale a una confirmación pública de todos sus términos por ambos gobiernos. Tampoco establece que los grupos armados del sur hayan aceptado una estrategia política común, una cuestión decisiva para la evolución de la guerra.
Por qué Emiratos y Arabia Saudita vuelven a acercarse
Las llamadas Brigadas de los Gigantes figuran entre las fuerzas del sur que recibieron entrenamiento y financiación emiratí. Cuando Emiratos retiró sus operaciones dentro de Yemen en enero, ese respaldo se interrumpió; su eventual reanudación reforzaría a una coalición contraria a los hutíes que sigue fragmentada pese a compartir adversario.
La relación entre los dos socios regionales se había deteriorado por sus diferencias sobre el futuro del país. Arabia Saudita respalda al gobierno reconocido internacionalmente, con sede en Adén, mientras sectores separatistas sureños vinculados a Emiratos reclaman un referéndum sobre la independencia, una demanda que ninguno de los dos Estados ha aceptado públicamente esta semana.
El Consejo de Transición del Sur tampoco ha comprometido a sus combatientes a operar fuera de las fronteras del antiguo Yemen del Sur. Por eso, un acuerdo sobre pagos y apoyo aéreo no resuelve automáticamente quién dirigiría una ofensiva mayor ni qué arreglo político seguiría a posibles avances militares.
Una ofensiva con resultados todavía limitados
El gobierno yemení anunció la semana pasada una contraofensiva destinada a expulsar a los hutíes de Saná. Hasta ahora, sus progresos han sido modestos en torno a Majzar, cerca de Marib, y en el área del estrecho de Bab el Mandeb, paso estratégico entre el mar Rojo y el golfo de Adén.
La urgencia creció con los ataques recientes. El viernes, dos misiles atribuidos a los hutíes impactaron en las inmediaciones del aeropuerto de Adén cuando un avión de pasajeros preparaba su salida, sin víctimas reportadas; un día antes, un ataque contra un palacio presidencial en la ciudad dejó al menos cinco muertos y 16 heridos.
Arabia Saudita también afronta ataques con drones y misiles contra aeropuertos e infraestructura energética. Una cooperación renovada con Emiratos podría aumentar la capacidad de respuesta de sus aliados, aunque el resultado dependerá de la coordinación real entre fuerzas con intereses distintos.
La población civil sigue pagando el precio
La dimensión humanitaria limita cualquier lectura del conflicto como un simple reajuste de alianzas. En una sesión del Consejo de Seguridad, la ONU informó que más de 200.000 personas habían sido desplazadas dentro de Yemen desde comienzos de agosto, el mayor volumen de nuevos desplazamientos desde la tregua de 2022.
Los combates alrededor de Bab el Mandeb también elevan la preocupación por la navegación comercial y el abastecimiento regional. Sin embargo, la posibilidad de interrupciones no debe confundirse con un cierre efectivo del estrecho: el riesgo depende de los movimientos sobre el terreno y de futuros ataques.
Quedan por comprobar la reanudación de los pagos emiratíes, el alcance de la cobertura saudí y la respuesta de los separatistas. Mientras tanto, las agencias humanitarias necesitan acceso seguro y recursos para atender a familias que vuelven a abandonar sus hogares; una mejora militar para un bando no constituiría, por sí misma, una salida política para Yemen.
