El anuncio del G7 sobre la liberación coordinada de reservas de emergencia continúa ejerciendo presión sobre los precios del petróleo. El grupo acordó poner en el mercado 100 millones de barriles de crudo, diésel y otros productos, aunque los detalles sobre el reparto y los países participantes todavía deben definirse a través de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Mientras tanto, los operadores analizan la evolución de los principales focos de tensión que afectan al comercio de hidrocarburos.
El conflicto en Medio Oriente continúa siendo uno de los principales factores de incertidumbre para los mercados globales. Las operaciones militares directas entre Estados Unidos e Irán atraviesan actualmente una fase de menor intensidad, pero las negociaciones para alcanzar una solución permanente permanecen estancadas y los riesgos de una nueva escalada siguen presentes.
El presidente iraní, Masoud Pezeshkian, afirmó recientemente que negociar con Washington «carece de sentido», argumentando que anteriores conversaciones fueron seguidas por nuevos ataques.
Al mismo tiempo, el comercio continúa atravesando dificultades en el estrecho de Ormuz. Aunque las exportaciones de crudo de Medio Oriente llegaron a recuperar durante parte de septiembre niveles previos al conflicto, los ataques contra buques y los elevados costos logísticos mantienen el riesgo sobre una de las principales rutas energéticas del mundo.
Empresas especializadas en seguridad marítima advierten de una amenaza creciente e impredecible para los barcos que atraviesan el estrecho.
A este escenario se sumaron unas polémicas declaraciones del presidente Donald Trump durante un acto político en Nebraska. Al referirse al costo económico de la guerra con Irán, Trump describió esas consecuencias como un «pequeño precio a pagar» y mencionó hipotéticamente la posibilidad de que Irán atacara ciudades como Los Ángeles o San Diego.
La Casa Blanca sostuvo posteriormente que el mandatario intentaba ilustrar el peligro que, según su administración, habría representado un Irán con armas nucleares. Sus comentarios provocaron críticas tanto de dirigentes demócratas como de algunos republicanos.
Las tensiones geopolíticas continúan en la península arábiga
Mientras tanto, la guerra en Yemen ha vuelto a intensificarse y Arabia Saudita incrementó su participación en apoyo de las fuerzas del gobierno reconocido internacionalmente. Durante septiembre, los hutíes de Ansar Alá consiguieron avanzar en zonas próximas al estrecho de Bab el-Mandeb, aumentando las preocupaciones sobre otra ruta fundamental para el comercio marítimo y energético global.
En respuesta, las fuerzas gubernamentales respaldadas por Arabia Saudita lanzaron una rápida contraofensiva sobre la costa. Según fuentes del gobierno y el Ministerio de Defensa yemení, las tropas llegaron hasta las afueras de Mocha y posteriormente aseguraron que la ciudad había sido recuperada. Reuters no pudo verificar de manera independiente el alcance de esos avances, mientras los hutíes calificaron de infundadas las afirmaciones de sus adversarios.
Arabia Saudita también llevó a cabo intensos ataques aéreos para apoyar a las fuerzas terrestres y proteger la zona de Bab el-Mandeb. Por su parte, los hutíes afirmaron haber atacado distintos objetivos en territorio saudita, incluidos un aeropuerto y una refinería de Aramco, aunque estas reivindicaciones tampoco pudieron ser verificadas de forma independiente. El grupo también amenazó con ampliar sus operaciones contra el tráfico aéreo saudita.
La escalada resulta especialmente relevante para los mercados energéticos. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una vía estratégica para el transporte de petróleo y otros productos. A esto se suma la inestabilidad en el estrecho de Ormuz, por lo que un deterioro simultáneo de ambas rutas podría incrementar nuevamente los costos de transporte, seguros y energía.
El contexto global no se limita a la guerra
De las tensiones geopolíticas, el contexto global pasa a un escenario completamente diferente, aunque también seguido con atención por las autoridades internacionales. Durante los últimos días surgieron dudas sobre la muerte de una trabajadora del Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk, en Siberia, después de que inicialmente se investigara si podría tratarse de un caso de peste neumónica.
Las autoridades rusas informaron este martes a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que no se ha registrado ningún caso confirmado de peste en Irkutsk y que las pruebas realizadas a las personas que estuvieron en contacto con la fallecida dieron negativo para patógenos infecciosos peligrosos.
Sin embargo, Reuters señaló que todavía no está claro si las autoridades han descartado definitivamente la peste como causa de la muerte de la trabajadora. La OMS considera bajo el riesgo para la población general.
La peste es provocada por la bacteria Yersinia pestis. Su forma bubónica afecta principalmente al sistema linfático, mientras que la peste neumónica afecta los pulmones y puede transmitirse entre personas mediante gotículas respiratorias cuando existe contacto cercano.
Aunque puede resultar mortal si no recibe tratamiento rápidamente, actualmente puede tratarse con antibióticos y continúa apareciendo de forma esporádica en distintas regiones del mundo.
Por ahora, no existen evidencias de un brote en Irkutsk. El episodio permanece bajo vigilancia sanitaria debido al lugar de trabajo de la fallecida y a la naturaleza de los patógenos estudiados en el instituto, pero los datos disponibles no apuntan a una emergencia sanitaria internacional.
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