Lo que BitMart presentó en julio como un cierre ordenado y planificado -una retirada del negocio escalonada a lo largo de varios meses- ha derivado en las últimas semanas en algo que se parece cada vez más a una insolvencia en cámara lenta, y la respuesta de su fundador a las preguntas incómodas no ha hecho sino alimentar esa lectura.
Un ultimátum con fecha límite
El detonante más reciente fue una publicación en X, difundida desde la cuenta en chino del propio exchange y dirigida al fundador Sheldon Lee -conocido también como Sheldon Xia- y a su socio Yi Li, en la que se les emplazaba a abrir los libros a una verificación independiente: carteras, activos, pasivos y reservas utilizables, todo auditado por un tercero, con fecha límite el 19 de agosto.
El texto, que después fue eliminado, reclamaba además un plan de repago detallado, con el orden de prelación de los acreedores, los importes recuperables y un calendario concreto, y planteaba sin rodeos la pregunta que resume el conflicto: si BitMart está dispuesta a someterse a auditorías independientes de terceros.
La defensa del «hackeo» y el enojo de los usuarios
La contestación de Lee no abordó ninguna de esas exigencias. En lugar de ello, el fundador sostuvo que la cuenta había sido hackeada y que su contenido eran «rumores fabricados», y anunció que, en horario diurno de Estados Unidos, presentaría una denuncia policial y enviaría una carta legal a X para exigir un análisis forense técnico y de datos. Sobre los salarios impagados, se limitó a señalar que los activos de los empleados no tienen prioridad sobre los de los clientes, porque -en su formulación- todos son clientes y nadie goza de privilegios.
Esa respuesta, centrada en la autenticidad del mensaje y no en el fondo del reclamo, es precisamente lo que ha irritado a los usuarios. Uno de ellos, que opera bajo el nombre BeardStaff, aseguró que sus fondos llevan bloqueados desde el anuncio del 26 de julio y que el gestor VIP que tenía asignado lo expulsó de Telegram el mismo día en que se congelaron los retiros, un reproche que cabía en apenas cuatro palabras: «¿Dónde están mis 10 millones?».
Otro, con el usuario chicha_liam, fue aún más directo al recordar que nadie había preguntado si la cuenta estaba hackeada, sino cuándo podrán los usuarios retirar su dinero, la misma pregunta que se repite sin respuesta desde el 26 de julio. A ese coro se sumó el investigador on-chain ZachXBT, cuyo argumento desarma la retórica del exchange: si BitMart realmente dispone de la liquidez, que devuelva los fondos en lugar de publicar comunicados vagos.
La cronología ayuda a entender por qué el silencio resulta tan llamativo. BitMart dejó de aceptar nuevos registros, depósitos y órdenes el 26 de julio, fijó el 26 de agosto como último día de negociación y el 31 de enero de 2027 como cierre definitivo de la plataforma, y mantiene que los retiros siguen disponibles, aunque sujetos a verificaciones de identidad, origen de fondos, titularidad de la cartera y cribado de sanciones que, en la práctica, buena parte de los usuarios describe como un bloqueo encubierto.
A ello se añade que la prueba de reservas prometida en mayo nunca llegó a publicarse, un dato que pesa porque, sin conocer los pasivos, ninguna foto de los activos basta por sí sola para acreditar solvencia.
Un desenlace que apunta a los tribunales
La lectura más incómoda, sin embargo, no procede de un usuario enfadado, sino del mundo de la deuda en dificultades. Roshan Dharia, consejero delegado de la firma Echo Base, explicó a CoinDesk que su compañía había ofrecido a BitMart un paquete de reestructuración con financiación DIP -el crédito que se otorga a empresas ya en proceso concursal- y participación accionaria a la salida, respaldado por la propia Echo Base en su condición de acreedora, sin recibir respuesta alguna.
Su diagnóstico es tajante: un libro custodio de este tamaño no puede resolverse de forma consensuada, porque resulta imposible localizar de manera fiable a una base minorista tan dispersa, y cada usuario al que no se alcance conserva íntegra su reclamación.
De ahí una conclusión que suena a advertencia dirigida al consejo de administración: no existe ninguna versión de este desenlace que termine bien sin pasar por los tribunales, y la única cuestión pendiente es si BitMart llega allí con un plan y un patrocinador financiado o arrastrada por sus propios acreedores.
Por ahora, el reloj corre hacia el 19 de agosto. El autor de la publicación advirtió que, de no recibir una respuesta verificable antes de esa fecha, entregará todos los datos, las pistas sobre el rastro de los fondos y las pruebas reunidas a las autoridades, los reguladores, los abogados y los medios de todo el mundo.
Para un exchange que hace apenas unas semanas presumía de nuevas licencias y de un crecimiento acelerado de su negocio, se trata de un final tan abrupto como revelador.
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