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Espacio patrocinadoEl mercado de divisas abrió la semana con un movimiento que no pasa desapercibido: el yuan chino onshore tocó 6,79 por dólar durante la sesión del lunes, su cotización más fuerte desde febrero de 2023. La apreciación acumula un 2,8% desde el inicio del año y cerca de un 1% adicional desde el estallido del conflicto con Irán.

El contraste con el resto de la región es llamativo. Mientras el yen japonés y el won surcoreano se debilitan ante la última oleada de turbulencias geopolíticas, el yuan se mueve en dirección opuesta.
Por qué China resiste mejor que sus vecinos
La explicación parte de la estructura energética del país. China depende menos del petróleo importado que Japón o Corea del Sur, gracias a una industria carbonífera doméstica robusta y a un sector de renovables en expansión acelerada. Eso ha amortiguado el impacto del conflicto sobre su economía.
Los datos de inflación del lunes reforzaron esa imagen de estabilidad: el índice de precios al consumo subió un 1,2% interanual en abril, frente al 1,0% de marzo, con la caída en los precios de la carne de cerdo y el alcohol compensando la presión de los combustibles.
Exportadores y flujos de capital empujan al yuan
Detrás de la fortaleza de la divisa operan fuerzas más estructurales. Wee Khoon Chong, estratega macro para Asia-Pacífico en BNY, apunta al giro del sentimiento inversor internacional hacia China. Chandresh Jain, estratega de FX en BNP Paribas, añade otro factor: los exportadores chinos están convirtiendo parte de su reserva de dólares a moneda local.
No es un movimiento menor. China acumuló un superávit comercial de 1,2 billones de dólares en 2025, y otros 348.000 millones solo en los primeros cuatro meses de 2026. Esa liquidez, al reconvertirse a yuanes, ejerce una presión compradora sostenida sobre la divisa.
Serena Zhou, economista senior de China en Mizuho Securities, resume el cambio de mentalidad: los ejecutivos exportadores, que hace no tanto preguntaban hasta dónde podría caer el yuan, adoptan hoy una postura netamente alcista.
El diferencial de tasas juega a favor
El diferencial de tipos de interés entre los bonos del Tesoro a diez años de Estados Unidos y China ronda los 2,6 puntos porcentuales.
El ritmo de apreciación del yuan ya supera esa brecha, lo que convierte al activo chino en una opción más atractiva de lo que sugeriría el diferencial de tasas por sí solo. Tanto Chong como Jain proyectan que el yuan podría alcanzar los 6,7 por dólar hacia finales de año.
La cumbre Trump-Xi, en el centro del tablero
El contexto político añade otra capa de tensión al movimiento. La visita de estado de Donald Trump a China, prevista de miércoles a viernes, concentra la atención de los mercados en torno a una pregunta concreta: si ambos líderes extenderán la tregua comercial que suspendió los aranceles cruzados -que llegaron a superar el 100%- hasta este noviembre.
El reciente mensaje del primer ministro Li Qiang a una delegación de senadores estadounidenses en Pekín, donde apostó por una relación «estable y predecible», sugiere que China llega a la mesa con voluntad de continuidad.
El PBOC gestiona la velocidad, no la dirección
El Banco Popular de China no es un actor pasivo. El banco central administra la divisa dentro de una banda del 2% respecto a un tipo de referencia diario que ha fijado sistemáticamente por debajo del tipo spot a lo largo del año -el lunes se situó en 6,8467-, moderando la velocidad de apreciación sin oponerse a su dirección.
El gobernador Pan Gongsheng dejó claro en el Foro de Desarrollo de China celebrado en marzo que Pekín no tiene intención de depreciar el yuan para ganar competitividad exportadora, y anunció avances en la infraestructura para ampliar el uso internacional del renminbi.
El mensaje es tan relevante como la propia cotización: el yuan puede subir, pero a su ritmo.
-Mr. Market
