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Espacio patrocinadoEl Parlamento Europeo dio un paso decisivo hacia el euro digital.
Además, alineó su posición con el Consejo para crear una moneda válida tanto en online como offline. Este respaldo marca un cambio político claro y acerca el proyecto a su posible lanzamiento en 2029.
Un aval clave para que el BCE avance
En primer lugar, el apoyo parlamentario resulta esencial. El Banco Central Europeo necesita la aprobación legislativa para emitir el euro digital. Sin ese visto bueno, el calendario previsto no podría cumplirse.
Por tanto, la votación no solo tiene valor simbólico: también desbloquea un proceso que llevaba más de dos años estancado en la Eurocámara. Durante ese tiempo, el borrador quedó atrapado en debates internos y resistencias políticas.

Ahora, sin embargo, el Parlamento respalda la postura negociadora del Consejo Europeo. Además, deja atrás propuestas anteriores que defendían un uso limitado solo a pagos offline: este giro muestra una mayor sintonía con el BCE y con su visión estratégica.
Pagos online y fuera de línea: un diseño inclusivo
Los eurodiputados aprobaron dos enmiendas a la resolución sobre el informe anual 2025 del BCE.
En ellas, piden un euro digital que garantice igualdad de acceso a los servicios de pago. También exigen que funcione tanto en línea como fuera de ésta.
Este enfoque busca algo muy concreto. Por un lado, pretende ofrecer una nueva forma de dinero público en formato digital; por otro, quiere asegurar que todos los ciudadanos puedan utilizarlo, incluso sin conexión a Internet.
De este modo, el euro digital no sustituiría al efectivo: más bien lo complementaría en un entorno cada vez más digital. Así, el BCE intenta preservar el papel del dinero emitido por el banco central en la economía moderna.
Soberanía monetaria y menos dependencia externa
El debate sobre el euro digital no se limita a la tecnología.
En realidad, toca un punto sensible: la soberanía monetaria de la Unión Europea. Los legisladores subrayaron que esta moneda digital resulta esencial para reforzarla.
Además, consideran que el proyecto puede profundizar el mercado único y reducir la fragmentación en los pagos minoristas. Hoy en día, muchos países europeos dependen en gran medida de proveedores no europeos.
Las tensiones transatlánticas y los crecientes riesgos geopolíticos aumentaron esta preocupación. Algunos Estados miembros ni siquiera cuentan con una red de pagos doméstica. En consecuencia, la dependencia de empresas como Visa o Mastercard genera inquietud política y económica.
El euro digital, en este contexto, aparece como una herramienta estratégica. Su objetivo consiste en reducir la dependencia de proveedores externos y fortalecer la autonomía europea.
Resistencias bancarias y cambio de rumbo político
No obstante, el camino no resultó sencillo.
En países como Alemania, los grupos de presión bancarios mostraron una fuerte oposición. Estas resistencias ralentizaron el proceso y extendieron los plazos más allá de lo que esperaba el BCE.
Incluso así, la votación reciente marca un punto de inflexión. Laura Casonato, responsable de política en Positive Money Europe, lo expresó con claridad: «Estas votaciones son una gran victoria para el progreso del euro digital».
Además, añadió: «Ahora hay una clara mayoría parlamentaria a favor de una forma futura inclusiva de efectivo: dinero en formato digital respaldado por el banco central, lo que lo hace seguro». Sus palabras reflejan el optimismo de quienes defienden una versión digital del efectivo respaldada por el banco central.
Supervisión de criptoactivos y riesgos de exclusión
El Parlamento no solo habló del euro digital.
También instó al BCE a reforzar la supervisión de los criptoactivos. Los legisladores advirtieron que, si los pagos digitales quedan en manos privadas y no europeas, podrían surgir nuevas formas de exclusión.
Este riesgo afecta tanto a usuarios como a comerciantes. Por ello, el euro digital se presenta como una alternativa pública, segura y accesible.
En definitiva, el respaldo del Parlamento Europeo cambia el ritmo del proyecto: ahora el euro digital cuenta con una mayoría clara a favor. Si el proceso legislativo avanza sin nuevos bloqueos, la Unión Europea podría contar en 2029 con una moneda digital propia, diseñada para funcionar en cualquier entorno y para reforzar su soberanía económica.
