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Este jueves, el rally de los metales registró un nuevo impulso, con el precio del oro marcando máximos históricos al cotizar por primera vez por encima de los $4.900 por onza. En paralelo, otros metales como la plata y el platino también muestran un desempeño destacado, consolidando un escenario claramente favorable para los activos defensivos.

Entre los factores que explican este nuevo salto se encuentran la persistente incertidumbre geopolítica, el debilitamiento sostenido del dólar y la cercanía de la próxima reunión de la Reserva Federal de Estados Unidos. Este encuentro del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) será clave para el equilibrio de los mercados en las próximas semanas.

Por ahora, el consenso del mercado apunta a que el banco central mantendrá las tasas de interés sin cambios. Este escenario suele ser poco atractivo para los activos de renta variable, como las acciones y también las criptomonedas. Así, la combinación de incertidumbre monetaria y tensiones políticas mantiene a los inversores alejados del riesgo.

En este contexto, los capitales que salen de los activos más volátiles buscan refugio en instrumentos considerados de reserva, como los metales preciosos. Esto explica por qué el precio del oro avanza en línea con el aumento del nerviosismo global.

Según datos de CNBC, durante las últimas horas de este jueves el oro superó los $4.946 por onza, mientras que la plata se negocia en torno a los $96 por onza.

El precio del oro se aproxima aceleradamente hacia los $5.000 por onza.
El precio del oro se aproxima aceleradamente hacia los $5.000 por onza. Fuente: CNBC.

¿Hasta dónde se extenderá el rally del precio del oro?

Aún resulta complejo anticipar cuál será el techo del rally de los metales en general y del oro en particular. Sin embargo, el objetivo de los $5.000 por onza parece cada vez más cercano y podría alcanzarse en un plazo relativamente corto. Hasta hace pocos meses, este nivel era considerado un pronóstico extremo.

Los fundamentos que sostienen este movimiento, como la debilidad estructural del dólar, continúan favoreciendo a los activos duros. En términos prácticos, numerosos instrumentos denominados en deuda estadounidense están siendo liquidados de forma sostenida.

Este fenómeno se vincula, en parte, a factores políticos, como las tensiones generadas por la postura expansionista del presidente Trump respecto a Groenlandia.

En este marco, gana fuerza la narrativa conocida como «sell America», que presiona al dólar y refuerza el atractivo del oro. Esta tendencia refleja un descontento creciente entre ciertos actores económicos europeos, que han comenzado a reducir su exposición a activos estadounidenses como forma de protesta política y financiera.

Entre los casos más relevantes se encuentra un fondo de pensiones de Dinamarca, que habría liquidado bonos estadounidenses por unos $100 millones. De mantenerse esta dinámica, los efectos podrían profundizarse.

De hecho, los principales índices bursátiles de Estados Unidos, como el S&P 500 y el Nasdaq Composite, registraron algunas de sus peores jornadas desde octubre y ya operan en terreno negativo en lo que va de 2026.

En contraste, el mercado de criptomonedas muestra una reacción más contenida. Por ahora, el BTC se mantiene estable y cotiza por debajo de los $90.000 al momento de la redacción, reflejando una pausa mientras los inversores evalúan el impacto del nuevo escenario macroeconómico.

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