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La crisis inmobiliaria de China continúa mostrando una gravedad de gran escala y se manifiesta en múltiples dimensiones. Entre los síntomas más visibles figuran los incumplimientos de gigantes como Evergrande y Country Garden. A ello se suma la creciente turbulencia que rodea a China Vanke.

Se trata del sexto mayor desarrollador inmobiliario del país por ventas contratadas. Según un reciente reporte de Nikkei Asia, el punto de inflexión se produjo tras la convocatoria de una reunión por parte de Vanke el pasado 26 de noviembre.

En concreto, el encuentro reunió a tenedores de bonos para solicitar la extensión del periodo de emisión de un bono onshore con vencimiento el 15 de diciembre, por un total de 2.000 millones de yuanes, equivalentes a $282 millones. Posteriormente, la empresa presentó una propuesta similar para otro bono de 3.700 millones de yuanes con vencimiento el 28 de diciembre.

El anuncio provocó una caída superior al 50% en los bonos de Vanke que cotizan en bolsa, mientras que sus acciones en Shenzhen tocaron su nivel más bajo en 11 años. A pesar de ello, el pánico no se ha extendido al conjunto del mercado bursátil, al menos por ahora.

El eje de preocupación en este nuevo episodio de la crisis inmobiliaria china radica en que algunos de los financistas de Vanke son entidades estatales. Que una empresa con participación estatal se vea obligada a solicitar extensiones de pago es una señal particularmente inquietante para los mercados.

El caso Vanke y la crisis inmobiliaria de China

Como se mencionó anteriormente, entre los principales financistas de la compañía se encuentran grupos vinculados directamente con el Estado. Su mayor accionista es Shenzhen Metro Group, con un 27% de las acciones, un reconocido operador estatal cuya presencia, en teoría, implicaría un respaldo firme por parte de las autoridades.

Según Zichun Huang, economista de Capital Economics, esta es la primera ocasión en la que un gran desarrollador con apoyo gubernamental busca retrasar el pago de un bono onshore, lo que sugiere que «los lazos gubernamentales no siempre garantizan el reembolso».

Las agencias de calificación reaccionaron con rapidez. S&P rebajó la nota crediticia de Vanke el 28 de noviembre, advirtiendo que la empresa enfrenta vencimientos por 11.400 millones de yuanes en los próximos seis meses y que su flujo de caja operativo se tornará negativo.

A su vez, Moody’s calificó la propuesta de extensión como un «intercambio en dificultades». Durante los primeros nueve meses del año, Vanke registró una pérdida neta de 28.000 millones de yuanes, mientras que sus pasivos con intereses alcanzaron los 362.930 millones de yuanes en septiembre.

El contexto general incluye una caída persistente de los precios de la vivienda desde principios de 2022, acompañada de una presión financiera cada vez mayor sobre los gobiernos locales. Aunque el gobierno central ha aplicado medidas de estímulo -como la flexibilización de normas de compra y la reducción de tasas hipotecarias- los precios continúan a la baja debido al exceso de inventario y a la débil confianza de los compradores.

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