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El Workshop sobre Fundamentos y Aplicaciones de Computación Descentralizada, llevado a cabo durante el Cardano Tech Summit LATAM 2025 en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, reunió a uno de los criptógrafos más destacados del mundo: Juan Garay.
En un encuentro técnico y conciso, Garay ofreció una clase magistral sobre los principios que sustentan las blockchains modernas, explicando cómo la descentralización, lejos de ser solo una aspiración filosófica, representa un desafío matemático profundo que aún no se ha resuelto completamente.

De la centralización al ideal de un sistema realmente abierto
Garay inició con una distinción clave. La computación centralizada -el modelo tradicional- depende de una sola entidad: si falla, el sistema cae.
La computación distribuida clásica mejoró esa fragilidad, permitiendo múltiples nodos autorizados que pueden mantener vivo el sistema incluso si algunos fallan. Pero el control sigue siendo cerrado: solo participan quienes están habilitados.
Las blockchains introducen otra dimensión. Son sistemas donde los nodos pueden entrar y salir sin permiso, sin autenticación previa y sin un registro de identidades confiables. Aun así, deben mantener consistencia, seguridad e integridad del registro. Esta propiedad, conocida como permissionless, es la piedra angular del paradigma blockchain.
El ledger distribuido como base de la computación descentralizada
La primera aplicación concreta de este modelo fue Bitcoin, que transformó la idea de un ledger compartido en una red abierta. Allí surgió el concepto que Garay remarcó: un registro distribuido que debe ser consistente, público, resistente a comportamientos maliciosos e inmutable.
Cualquier transacción o programa que ingrese al registro debe quedar almacenado para siempre, una garantía que exige más que diseño; exige fundamentos criptográficos.
Pero ese ideal choca con límites históricos. La teoría de sistemas distribuidos ya había demostrado que, sin autenticación, obtener consenso era extremadamente difícil. Peor aún: se sabía que no podía alcanzarse si más de un tercio de los participantes actuaban de forma maliciosa.
Además, existían ataques como el Sybil, donde un atacante genera múltiples identidades para tomar control del sistema. La computación descentralizada tenía un techo claro.
Bitcoin rompió ese techo: Proof of Work como punto de inflexión
La aparición de Bitcoin contradijo esos límites gracias al uso de Proof of Work, una primitiva criptográfica introducida en los años 90 para combatir el spam. En este esquema, un nodo debe demostrar que invirtió esfuerzo computacional para proponer un bloque, mientras que el verificador puede comprobarlo fácilmente.
Ese mecanismo permitió algo que no parecía posible: lograr consenso sin autenticación, siempre que menos de la mitad del poder computacional esté en manos maliciosas. Fue una ruptura conceptual que abrió una nueva línea de investigación, pero con un costo elevado: bajo rendimiento y alto consumo energético.
La evolución hacia Proof of Stake
Para superar esas limitaciones surgió Proof of Stake. En lugar de medir esfuerzo computacional, la probabilidad de generar un bloque se asigna según la cantidad de activos que un participante posee.
Garay destacó que Cardano fue la primera blockchain en formalizar y demostrar matemáticamente la seguridad de su modelo de Proof of Stake antes de implementarlo. Un enfoque alineado con la visión académica: diseñar, demostrar y luego construir.
El nuevo centro CD&CD y la agenda formativa
La parte final del workshop se centró en el nuevo Centro de Computación Descentralizada y Confianza Digital dentro de la UBA. Garay presentó dos líneas principales: una orientada a fundamentos criptográficos, incluyendo temas como Zero-Knowledge Proofs y Computación Multipartita Segura; y otra dedicada a programación y verificación de smart contracts con métodos formales, posiblemente asistidos por inteligencia artificial.
El objetivo es claro: formar talento y producir investigación sólida en un área donde aún falta mucho por demostrar. Porque, como señaló Garay, la descentralización no es una palabra de moda: es un desafío matemático, técnico y conceptual cuyo futuro todavía se está escribiendo.

















