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En el escenario principal de LABITCONF 2025, Efrat Fenigson irrumpió con una charla que dejó al auditorio en silencio: «Las sillas musicales del orden monetario». Lo que parecía una metáfora lúdica pronto se convirtió en una advertencia inquietante.
Detrás del discurso de la innovación, la seguridad y la acción climática -dijo- se está tejiendo un rediseño global del sistema financiero, donde las monedas digitales, las identidades biométricas y los créditos de carbono reemplazarán al efectivo como forma de control.
Del dinero físico al control programable
Fenigson expuso lo que muchos prefieren no mirar: el paso del sistema fiat hacia un ecosistema completamente digital, fragmentado en apariencias pero centralizado en su lógica.
Más de 130 países, que representan el 98% del PIB mundial, ya experimentan con CBDCs, monedas emitidas por los bancos centrales. Bajo la narrativa de «inclusión» y «eficiencia», el nuevo dinero promete eliminar intermediarios, pero también el anonimato. Cada transacción, cada gasto, cada movimiento será registrado, auditable y potencialmente condicionado.
El paralelismo histórico no es casual. Fenigson recordó que los acuerdos de Bretton Woods, hace 81 años, definieron la arquitectura del dinero global y consolidaron el dominio del dólar.
Hoy asistimos a una transición similar, impulsada no por la guerra, sino por la digitalización y el miedo al colapso ambiental. Esta vez, las herramientas no son tanques, sino blockchains de permiso, identidades digitales y monedas programables.

La ilusión verde del nuevo orden financiero
Detrás del lenguaje amable de la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la ponente identificó una estructura colectivista: un modelo donde la «acción climática» se traduce en cuotas de carbono, límites de consumo y monitoreo financiero permanente.
El cambio climático, explicó, se ha convertido en el argumento perfecto para justificar la centralización del poder económico y la expansión del control tecnológico.
La paradoja es evidente: mientras el discurso oficial habla de sostenibilidad y modernización, lo que realmente se consolida es la trazabilidad total.
En palabras de Fenigson, los bancos centrales están «reinventando la rueda», tratando de replicar lo que Bitcoin ya resolvió desde 2009: un sistema monetario abierto, verificable y resistente a la censura. Pero ellos no buscan libertad, buscan control.
El mensaje final fue claro: cada avance en digitalización monetaria debe ser leído con escepticismo. No todo progreso técnico implica libertad. Si el dinero del futuro puede programarse, también puede apagarse. Y en ese nuevo juego de sillas musicales del orden global, quien no tenga su propio asiento -su propia soberanía financiera- quedará fuera cuando pare la música.
