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La oleada de gobiernos calificados con la etiqueta «woke» en Europa y Estados Unidos marcó una era de fuerte carga ideológica. Esta tendencia permeó intensamente a los medios de comunicación, incluso a aquellos vinculados con el mundo financiero. Como consecuencia, muchos de estos medios mantienen una línea editorial abiertamente hostil hacia las criptomonedas.

Recientemente, esta postura sesgada se evidenció claramente en una publicación titulada The Coming Crypto Crisis, firmada por una editora asociada del Financial Times. El artículo lanza numerosos ataques contra el sector cripto, muchos de los cuales responden a narrativas construidas desde visiones ideológicamente motivadas.

Por ejemplo, la autora parte de la premisa de que no ha leído nada que le haga pensar que las criptomonedas son «algo más que una herramienta para especuladores y criminales». Esta afirmación subestima -o directamente ignora- los beneficios concretos que ofrecen las criptos. Entre ellos destacan la descentralización del control financiero y la protección de la privacidad individual.

Muchos críticos que comparten esta mirada hostil rara vez reconocen que estos atributos representan avances significativos en la forma en que las personas pueden administrar y proteger sus activos. Las criptomonedas permiten reducir la dependencia de intermediarios y gobiernos centrales.

Por otro lado, calificar a las criptomonedas como «herramientas para delincuentes» distorsiona profundamente la naturaleza de estos activos. La realidad es que el ecosistema cripto ha brindado valor real a usuarios legítimos, inversionistas y comunidades que han sido marginadas por los sistemas financieros tradicionales.

Otras narrativas negativas hacia las criptomonedas

La asociación inmediata entre criptomonedas y delincuencia refleja un sesgo evidente. Este impide distinguir entre la tecnología en sí y los usos indebidos que algunos puedan hacer de ella. Dicho uso criminal no es exclusivo de las criptomonedas; lo mismo ocurre con cualquier herramienta social, financiera o científica.

La combinación de argumentos técnicos con opiniones políticas, como se observa en el trabajo citado, da lugar a contradicciones notorias. Si bien se critica la descentralización como una amenaza, esta propiedad puede, de hecho, fortalecer la seguridad financiera y la autonomía individual frente a excesos regulatorios o censura.

En resumen, la visión expresada en dicho artículo sobre las criptomonedas se caracteriza por un desprecio desproporcionado que pasa por alto las ventajas fundamentales del ecosistema cripto. Su enfoque ideologizado y su asociación automática con actividades delictivas comprometen la objetividad necesaria para un análisis justo y equilibrado del sector.

El gran problema con la politización de fenómenos sociales y financieros es que se reemplaza la objetividad analítica por la necesidad de imponer una visión ideológica. No importa cuántas personas en el mundo se beneficien de la descentralización de las monedas digitales: si estas no encajan con una línea partidaria, se las descalifica con cualquier narrativa.

Esto representa un enorme desafío para estos activos, que constituyen la piedra angular de un sistema financiero más abierto, transparente y democrático.

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