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Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la propuesta de una reserva estratégica de Bitcoin se presenta como un símbolo de libertad económica.
Esta narrativa, apoyada por figuras influyentes de Wall Street, incluidos líderes de BlackRock, parece estar ganando tracción. Sin embargo, un reciente análisis de Forbes alerta sobre las implicaciones de esta institucionalización de Bitcoin, señalándola como una amenaza potencial a la descentralización y, en última instancia, a la libertad que este activo representa.
El informe plantea que la centralización del control sobre Bitcoin, impulsada por el gobierno, grandes instituciones financieras y empresas de minería digital, podría socavar su naturaleza descentralizada.
Un ejemplo de este escenario sería el uso de compañías como Chainalysis para monitorear y controlar las transacciones en la red, limitando la privacidad y autonomía financiera de los usuarios.
¿Centralización de Bitcoin: el fin de su propósito original?
La idea de convertir a Bitcoin en una reserva estratégica parece beneficiosa a primera vista, pero según el análisis, también podría marcar el inicio de su centralización. Para lograr este control, el gobierno estadounidense necesitaría apoderarse de una parte significativa del poder de minería digital, lo que le permitiría supervisar y posiblemente censurar ciertas transacciones.
Donald Trump expresó durante su campaña: «La minería de Bitcoin es nuestra última línea de defensa contra la CBDC. Queremos que todos los bitcoins que quedan sean Made in USA».
Esto refleja la intención de convertir a Bitcoin en una herramienta de política geopolítica, lo que, según Rachel Silverstein de Bitfarms, se justificaría como un medio para ejercer sanciones internacionales sin recurrir a conflictos armados.
Fred Thiel, CEO de Marathon Digital Holdings, ha sido aún más explícito. Propuso alinear la minería de Bitcoin con las normativas de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), sugiriendo que los bloques minados fuera de este marco podrían ser excluidos del ecosistema regulado. Esto representaría una presión sin precedentes sobre la red descentralizada de Bitcoin y sus participantes.
El control de la blockchain ya está en manos de EE. UU.
Incluso antes de que se concrete la reserva estratégica, Estados Unidos ya ejerce un control considerable sobre la red de Bitcoin. Este dominio se ha evidenciado en sanciones contra exchanges y empresas extranjeras, como Bitzlato de Hong Kong, acusada de facilitar transacciones con entidades rusas sancionadas.
La capacidad de las autoridades estadounidenses para identificar y bloquear transacciones sospechosas en la red sigue creciendo. Esto pone en riesgo la privacidad financiera que Bitcoin fue diseñado para proteger.
«Cuando Bitcoin está en manos de criptoanarquistas que no reconocen al gobierno, los impuestos o los requisitos de informes, aumenta el riesgo de incautación», subrayó Michael Saylor, CEO de MicroStrategy.
¿Libertad o control?
El ideal original de Bitcoin como un sistema financiero descentralizado podría estar en juego. Aunque Trump y su administración han defendido la autocustodia, las acciones que promueven un control centralizado de la red generan inquietudes en la comunidad cripto.
La reflexión es inevitable: ¿La institucionalización de Bitcoin por parte del gobierno estadounidense y las grandes corporaciones financieras podría transformar el activo en un instrumento de control? La visión de Satoshi Nakamoto, de empoderar a las personas frente a las instituciones centralizadas, parece enfrentarse a su mayor desafío.

















