Regístrate en Bitget y obtén hasta 100 USDT en bonos completando simples tareas. Oferta por tiempo limitado.
Ya en nuestro post anterior, indicamos explícitamente cómo las ballenas influencian en el ecosistema de criptomonedas y sus posibles razones para hacerlo. Si bien algunos son escépticos sobre estos personajes y su capacidad de influenciar el mercado, a la práctica cada vez que se registra una entrada desde una wallet con gran cantidad de Bitcoin a la compra o a la venta, algún efecto ocasiona en el mercado así sea leve en su precio y temporal en el tiempo.
La máxima ‘compra bajo, vende alto’ depende, en definitiva, de las fuerzas del mercado.
Para algunos, las ballenas llevan la delantera y marcan la dirección, ocasionando un gran impacto sobre el mercado. Pero para otros, el poder de estos personajes es un mito o exageración y no existen evidencias de la influencia atribuida a su accionar. Además algunos señalan que varias ballenas no han movido sus fondos durante años y que lejos de vender, están acumulando.
Si bien el término de ballena surge de una metáfora, donde el océanos es el mercado, los peces los usuarios comunes y las ballenas los gigantes del ecosistema, lo cierto es que con sus transacciones y jugadas pueden crear repentinas oleadas, provocar el pánico, decisiones en caliente, entre otros efectos sobre el mercado.
Dado que son dueños de un alto patrimonio de monedas digitales, a menudo se cree que las ballenas Bitcoin tienen un poder decisivo para influir en los mercados, según la dirección buscada por ellas.
Por ejemplo, impactar en los precios de las criptomonedas, abonando especulaciones y despertando el temor de usuarios e inversores. Todo para beneficiarse de su manipulación. Las llamadas ballenas podrían aprovechar su poder para generar oleadas de precios mínimos estratégicos para ellas y de este modo, comprar a precios oportunos y sacar ganancias al venderlas.
Lo anterior es la lógica más directa para encontrar la relación directa entre el sentimiento de compra y la decisión de venta establecidas por estos actores según sea el objetivo a crear. Como ya explicamos en nuestro post anterior, las ballenas usan una táctica llamada enjuague y repetición, un método extremadamente rentable para una ballena si se cronometra correctamente.
Su decisión de vender a una tasa más baja del mercado es simple: generar una caída en el precio del activo por un FOMO inducido bajo un porcentaje manejable de pérdidas que reportarán en otro accionar de estabilización de precios, el margen de ganancias aceptables para reparar el daño generado con fondos propios invertidos.
Así la ballena podrá acumular mayor riqueza al tener posibilidad de comprar órdenes de venta más baratas y finalmente empujar su valoración mediante muros de órdenes de compra-venta manejables tanto para el intercambio cómo lo suficientemente dividido para evitar el rastreo que ponga en evidencia su estrategia y con ello un evento indeseado fuera de su control.
Dado el deseo de la institución de maximizar la rentabilidad de un gran comercio que inicia, aumentaría la distancia que recorre este comercio si la institución puede hacer que los minoristas (los peces pequeños) se unan a ellos en el movimiento.
Una vez que se identifica una oportunidad, la tarea es «masajear» el mercado y dirigir a los participantes en la dirección deseada. El actor institucional, por lo tanto, logra un mayor retorno de la inversión, ya que la inversión ha sido el gasto de establecer y «dar masajes» a un movimiento en particular, y el resultado del movimiento es que los pequeños minoristas y los nuevos participantes públicos habían mordido el anzuelo y se habían reunido en el rally, lo que aumenta su impacto en el mercado y su efecto a su medida.
Finalmente queda de parte del inversor analizar los factores que están detrás de las aparentes oleadas causadas por las ballenas, ya que muchas veces son factores ajenos a su accionar lo que generan un sentimiento bajista o alcista en el mercado, como el ocurrido en la caída del precio de las criptomonedas tras la prohibiciones de China y Corea del Sur.

















