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Cómo Kevin Abosch se convirtió en un artista “tokenizado”

Kevin Abosch es uno de estos artistas bastante inusual.

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Kevin Abosch es uno de estos artistas bastante inusual.

Vendió una foto de una papa por US$ 1,16 millones, pintó 100 barriles de petróleo para el Museo de Arte Moderno de Bogotá, y, el año pasado, creó su propia criptomoneda. Pero él lo niega.

“La gente quiere llamarlo criptomoneda, no lo es”, aclara. “Creé 10 millones de piezas de arte virtual».

El proyecto surgió después de que Abosch, un artista conceptual, viera cómo los precios de su fotografía alcanzaban precios inusitados a finales de 2015, lo que le hizo pensar de un modo distinto acerca de su arte.

“(La venta de Potato #345) causó que el enfoque cambiara del valor artístico de mi trabajo al valor monetario”, le confesó Abosch a Forbes durante el evento “ArtTech + Blockchain Connect” organizado por la Academia de Arte Nuevo en Basilea, Suiza, a principios de mes.

Él ve la fama y la fortuna como una espada de doble filo:

“Como artista, percibes tu trabajo como una extensión de ti mismo. Entonces, en cierto sentido, comienzas a sentirte mercantilizado”, dijo. “Empecé a sentirme como si fuera una moneda”.

Pero en vez de dejar que su trabajo y talento se convirtieran en una mercancía, Abosch prefirió no dejarse llevar, ideando un plan para usar a la cadena de bloques para empoderar su arte. Después de su ganancia financiera en 2015, el artista se encontró reconsiderando el valor de su trabajo.

Abosch creó 10 millones de tokens digitales en la blockchain de Ethereum, su propio tipo de “arte virtual”, al que dio el nombre irónico de IAMA Coin (I am a coin – Soy una moneda), y los vendió a coleccionistas. Para conectar estos símbolos a su arte físico, Abosch también imprimió las direcciones blockchain de los tokens en 100 obras de arte que él creó. Para poner el toque que le distingue, imprimió estas direcciones con su propia sangre.

Los tokens, su sangre y su arte físico, todo estaba íntimamente ligado, y, en la visión de Abosh, eran “pedazos de mí mismo”. Pero cuando Abosch comenzó a vender su arte virtual a principios de 2018, comenzó a ser testigo de algo tan inusual como él.

Las personas no sólo pagaban por largas cadenas de código sin valor intrínseco alguno, sino que querían comprar cantidades de ellas.

“Cuando se considera que, incluso, una fracción de una moneda tiene el mismo valor artístico intrínseco que 100.000 monedas, todavía había personas que decían: Nos gustaría comprar 10.000 monedas”, relató Abosh.

Cuando su cara apareció en la sección de arte del New York Times comenzando junio y en otros artículos que le siguieron, el interés en su obra IAMA Coin se disparó.

Pero hay una cosa de la que Abosch no hablará, y ese es el valor de IAMA Coin. No dirá por cuánto está vendiendo sus tokens (por ahora, sólo estarán disponibles para los coleccionistas interesados), ni va a especular sobre el precio al que los mismos se están cotizando en el mercado secundario.

La pregunta que gravita sobre Abosch -junto con otros artistas “criptocuriosos” como Sarah Meyohas (creadora de “Bitchcoin”) y Larva Labs (creadores de “CryptoPunks”) – es por cuánto tiempo más seguirá siendo blockchain una herramienta en el mundo del arte.

Por su parte, Abosch desea distanciarse de la tecnología de la cadena de bloques, diciendo que “no sabe” si todavía la estará usando el próximo año.

“No quisiera que alguien dijera: Ese es Kevin, el artista cripto. Soy un artista conceptual, que trabaja con varios medios diferentes, incluida la fotografía y blockchain”.

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