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Espacio patrocinadoRecientemente, el comportamiento del oro ha generado dudas entre los analistas de Morgan Stanley sobre su papel tradicional como herramienta de gestión de riesgos. Durante las últimas seis semanas, el metal dorado mostró una volatilidad inusual, cayendo junto a otros activos de riesgo tras el estallido del conflicto de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Actualmente, el precio del oro se sitúa en los $4.790 por onza, lo que representa una disminución cercana al 7.5% en el último mes. Según la estratega Amy Gower, citada por CNBC, el metal está actuando más como un activo especulativo que como un refugio ante la incertidumbre geopolítica global.
Básicamente, la necesidad de liquidez inmediata tras el impacto inicial de la guerra obligó a muchos inversores a vender sus posiciones en oro. Esta debilidad estructural dejó los precios fuertemente atados a los movimientos de grandes tenedores, como los fondos cotizados y los bancos centrales.
Es importante señalar que, aunque el oro suele tener un papel de diversificador de carteras, esa correlación se ha roto en el escenario actual. No obstante, la firma financiera identifica oportunidades mucho más claras en otros sectores de las materias primas, como la plata y el aluminio.
Básicamente, el oro pierde su brillo como reserva, pero otros metales se presentan como alternativas notablemente seductoras.

¿El auge de la plata opaca el papel del oro en los mercados?
A diferencia del oro, la plata ha mostrado un crecimiento excepcional del 150% durante los últimos doce meses, impulsada por un déficit de suministro prolongado. Este desequilibrio se hizo evidente el año pasado, cuando la demanda financiera superó con creces las existencias físicas disponibles.
El sector de la energía solar desempeñó un papel determinante en esta explosión del consumo de plata a nivel mundial. Sin embargo, el metal también ha sufrido una corrección del 11% en el último mes, cotizando actualmente alrededor de los 75.8 por onza troy. Se trata de una caída compartida por los activos de refugio ante la incipiente distención en el Golfo Pérsico.
Asimismo, la alta volatilidad está provocando que algunos grandes productores de joyería busquen alternativas más estables, como el platino. Este cambio en la demanda responde a la necesidad de las empresas de protegerse ante las oscilaciones extremas de precios en los mercados spot.
A pesar de haber superado los $100 en enero, los expertos consideran que aquel pico se debió más a elementos especulativos que a fundamentos sólidos. En cualquier caso, la plata sigue manteniendo una relevancia industrial que el oro no posee en la misma escala.
El aluminio como protagonista ante la crisis de suministro
Morgan Stanley se muestra particularmente optimista respecto al aluminio, cuyo precio ha subido un 10.4% desde que comenzó la guerra en Irán. El metal se cotiza actualmente en $3.452 por tonelada, impulsado por el temor a una escasez de suministro en el Golfo.
La creciente demanda de electricidad por parte de los centros de datos y la inteligencia artificial ejerce fuerte presión sobre las fundiciones de aluminio. Estos centros compiten por la energía, pero las plantas de procesamiento no pueden pagar las mismas tarifas, lo que ajusta el mercado.
Además, se estima que el mundo ha perdido cerca del 4% del suministro global de aluminio debido a las interrupciones recientes. Reiniciar la producción en este sector no es un proceso rápido, lo que garantiza un soporte de precio incluso si el conflicto termina pronto.
En líneas generales, el aluminio se posiciona como una de las materias primas con mejores perspectivas de crecimiento estructural para lo que queda de año.
La combinación de una oferta limitada y una demanda tecnológica creciente asegura su relevancia en el nuevo orden económico global.
