Mientras el mercado se mueve, la información oportuna marca la diferencia → Recibe actualizaciones en nuestro canal oficial de WhatsApp.
Los choques petroleros tienen una larga historia, y los economistas han desarrollado modelos para analizarlos. Sin embargo, el conflicto con Irán está afectando la economía a través de un canal que estos modelos no contemplan adecuadamente.
UBS fue pionero en señalarlo esta semana: actualmente, la riqueza en acciones constituye casi el 40% del patrimonio neto de los hogares estadounidenses, un porcentaje que es el doble o triple de lo que representaba durante los choques petroleros de los años noventa, cuando esa cifra oscilaba entre el 10% y el 20%.
Esta diferencia no es un simple detalle técnico, sino el factor que transforma por completo la naturaleza de los acontecimientos actuales.
El canal que los modelos no ven
Cuando los economistas calculan el impacto de un conflicto en Oriente Medio sobre la economía americana, piensan en petróleo: precio del barril, costos de transporte, inflación en gasolina, poder adquisitivo de los hogares. Es un mecanismo conocido y relativamente lento.
Sin embargo, hay ahora un canal mucho más directo y veloz que, a diferencia de conflictos pasados donde era secundario, hoy es fundamental: el efecto riqueza invertido.
Cuando los mercados caen, los hogares americanos se sienten menos ricos, gastan menos y esa contracción del consumo se transmite inmediatamente a una economía donde el gasto privado representa aproximadamente dos tercios del PIB.
Con casi el 40% del patrimonio familiar en bolsa, cada punto porcentual de caída en los mercados tiene un impacto sobre el consumo muy superior al que cualquier modelo calibrado con datos de los noventa podría anticipar, tal como advirtió el economista de UBS Arend Kapteyn en una nota a clientes publicada hoy.
Los números del mercado reflejan esa tensión con precisión: el Dow Jones acumula una caída del 3% en lo que va de año, el Nasdaq pierde un 6% y el S&P 500 retrocede un 3%, con Wells Fargo recortando ya su objetivo de fin de año para el índice desde 7.800 hasta 7.300 puntos.
La confianza del consumidor cayó en marzo en todos los grupos de edad y en todos los partidos políticos según la Universidad de Michigan, con las caídas más pronunciadas precisamente en los tramos de renta media y alta, que son los que concentran la mayor parte de la riqueza bursátil y han sido el principal motor del gasto en los últimos años.
Por qué esta vez es diferente
La razón por la que los hogares americanos tienen hoy casi el doble de exposición bursátil que en los noventa no es irracional sino estructural: la erosión de las pensiones tradicionales y la creciente incertidumbre sobre el futuro de la Seguridad Social han empujado a varias generaciones a tomar el control de su jubilación a través de cuentas 401(k) y otros vehículos de inversión.
Eso ha sido una fuerza positiva durante años de mercados alcistas, cuando el efecto riqueza impulsaba el consumo y sostenía el crecimiento, pero se convierte en una vulnerabilidad estructural cuando los mercados retroceden de forma sostenida, porque el canal entre los precios de los activos financieros y la economía real es hoy mucho más corto y mucho más ancho que en cualquier conflicto anterior.
La economía americana aguanta por ahora, con el mercado laboral mostrando resiliencia y el consumo todavía en terreno positivo, pero gran parte de los datos disponibles son anteriores al inicio del conflicto con Irán y no reflejan aún el impacto completo de lo que está ocurriendo en los mercados.
La tensión que queda abierta no es si el petróleo sube o baja, sino si el efecto riqueza invertido, operando a una escala sin precedentes históricos, acaba pesando más que la resistencia que hasta ahora ha mostrado el consumidor americano.
-Mr. Market
