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Wall Street vislumbra una razón de peso para que el presidente Donald Trump busque una resolución al conflicto bélico con Irán: el descontento político. Desde que comenzó la ofensiva a finales de febrero de 2026, el petróleo Brent ha subido más del 50%, superando los $110 por barril. Mientras tanto, los mercados financieros (acciones y bonos) han sufrido caídas notables.
Un número creciente de inversores cree ahora que Trump podría suavizar su postura a medida que sus niveles de aprobación se ven afectados. No se debe perder de vista que se acercan las elecciones de mitad de periodo en noviembre.
Los mercados están descontando la posibilidad de que se declare una «victoria» estratégica en el corto plazo para poner fin a la fase más intensa de la guerra. Según analistas de Yardeni Research y Deutsche Bank, citados en CNBC, una guerra prolongada pondría en serio riesgo las mayorías republicanas en el Congreso. Por lo tanto, el incentivo económico y electoral para reducir la tensión es, en este momento, la variable más vigilada por los operadores de fondos.
Es importante destacar que las encuestas muestran una división significativa en la opinión pública. Datos recientes de Emerson College y YouGov indican que solo el 40% de los estadounidenses apoya la acción militar.
Entretanto, la desaprobación sobre el manejo de la política exterior ha alcanzado niveles críticos entre los votantes independientes. De hecho, los mercados de predicción como Kalshi ya reflejan un aumento en las probabilidades de que los demócratas retomen el control de la Cámara de Representantes.
El impacto en los mercados financieros y en las criptomonedas
El índice S&P 500 ha retrocedido más de un 4% en lo que va de marzo. Esto se relaciona con el temor de que los altos precios de la energía erosionen los beneficios corporativos y frenen el consumo. Al mismo tiempo, el rendimiento del Tesoro a dos años ha subido al 3,88%, reflejando un ajuste en las expectativas de tipos de interés.
Por otro lado, la estructura del mercado de criptomonedas parece haber madurado. La accesibilidad de estos activos los ha convertido en una herramienta de preservación de capital para ciudadanos en zonas de conflicto, donde los sistemas bancarios locales han sufrido cierres temporales o restricciones.
Sin embargo, los hechos más recientes, como el ultimátum de Trump a Irán, sugieren un escenario más complejo. Todos los factores descritos anteriormente podrían intensificarse si la guerra escala hacia el sector energético. Esto coloca a Trump ante una decisión delicada, en la que una eventual victoria podría tener un alto costo político.
Es importante tener en cuenta que la situación en el Estrecho de Ormuz sigue siendo el mayor foco de incertidumbre. Con cerca del 20% del suministro mundial de crudo comprometido, la normalización de los flujos energéticos es incierta. Irán no parece dispuesto a ceder en el control del estrecho y las medidas de EE. UU. podrían generar un fuerte impacto en los mercados financieros.
Posibles escenarios en el corto plazo
El desenlace de este conflicto presenta dos escenarios principales. El primero contempla que Estados Unidos ataque la infraestructura energética de Irán y la «neutralice», tal como ha sugerido Trump. Posteriormente, las fuerzas estadounidenses podrían desembarcar en la isla de Jark y establecer una posición estratégica para avanzar en las operaciones.
Este escenario debilitaría la capacidad defensiva de Irán y podría forzar negociaciones o incluso un cambio de régimen. Sin embargo, la evolución del conflicto desde finales de febrero sugiere que un desenlace de este tipo no sería sencillo ni inmediato.
El segundo escenario, considerado más probable, es que Irán responda con fuerza, tal como lo ha hecho hasta ahora. Las autoridades del país han advertido que están dispuestas a escalar el conflicto hacia el sector energético. En ese sentido, han amenazado con atacar infraestructura petrolera, energética, de comunicaciones e incluso de desalinización de agua en toda la región.
Incluso si se materializa el primer escenario, pero Irán logra dañar parcialmente la infraestructura energética de Medio Oriente, se podría desencadenar una situación de gran inestabilidad. Este es precisamente el riesgo que más preocupa a los mercados financieros ante una posible reacción impulsiva de Trump.
