Japón mantiene tasas, pero el conflicto en Medio Oriente cambia el equilibrio inflacionario

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El Banco de Japón decidió mantener su tasa de interés en 0,75%, en línea con lo esperado por el mercado, aunque con una señal que no pasó desapercibida: los riesgos inflacionarios ahora están inclinados al alza.

La votación estuvo dividida, con ocho de los nueve miembros del comité a favor de mantener la política actual, lo que refleja un entorno económico cada vez más delicado.

Si bien la entidad prevé que la inflación podría desacelerarse temporalmente por debajo del 2% en el corto plazo, advirtió que el conflicto en Medio Oriente -especialmente la guerra en Irán- está comenzando a ejercer presión sobre los precios.

El alza reciente del petróleo se posiciona como el principal factor detrás de este cambio de perspectiva.

Energía, dependencia y presión sobre los precios

El impacto de la crisis energética es particularmente relevante para Japón, que depende en cerca de un 95% de importaciones energéticas provenientes de Medio Oriente. Este nivel de exposición convierte cualquier disrupción en la región en un factor directo sobre la inflación local.

En respuesta, el gobierno ya comenzó a actuar. Se liberaron reservas estratégicas de crudo y la primera ministra, Sanae Takaichi, aseguró que buscarán mantener el precio de la gasolina en torno a los 170 yenes por litro a nivel nacional, intentando contener el impacto en el consumidor.

Salarios, política y el próximo movimiento del BOJ

Más allá del factor energético, el Banco de Japón sigue de cerca las negociaciones salariales de primavera, conocidas como «shunto», consideradas clave para sostener una inflación saludable.

Tras años de estancamiento, los primeros indicios muestran que grandes empresas han aceptado aumentos superiores al 5% por tercer año consecutivo, algo que no ocurría desde principios de los años 90. Los resultados preliminares se publicarán el 23 de marzo.

Actualmente, la inflación se sitúa en 1,5%, cayendo por debajo del objetivo del 2% por primera vez en casi cuatro años. Sin embargo, la reciente mejora en los salarios reales -que crecieron un 1,4% interanual en enero- podría marcar un punto de inflexión.

De cara a los próximos meses, el mercado comienza a evaluar la posibilidad de un aumento de tasas en abril o junio. No obstante, la resistencia política también entra en juego: la primera ministra Takaichi ya habría expresado su reticencia a nuevas subas, añadiendo otra capa de complejidad a la hoja de ruta del banco central.

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