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Después de un comienzo de año áspero, el mercado de criptomonedas empieza a emitir una señal que los inversores siguen de cerca: la posibilidad de una estabilización.
No se trata todavía de una recuperación plena ni de un cambio de ciclo confirmado, pero sí de un entorno donde algunas variables empiezan a alinearse en favor de un rebote más consistente. Entre ellas destacan dos: el retorno de los flujos hacia los ETFs spot de Bitcoin y la expectativa de una mayor liquidez en Estados Unidos por la temporada de reembolsos fiscales.
Febrero dejó una fotografía dura para el sector. La capitalización total del mercado cripto cayó 22.6% y cerró en 2.36 billones de dólares, en un contexto marcado por la incertidumbre sobre la política de la Reserva Federal, las tensiones derivadas de la transición arancelaria y un proceso de desapalancamiento que sigue pesando sobre los activos de riesgo.
El dato no fue aislado: los principales criptoactivos acumulan ya cinco meses consecutivos de retornos negativos, una secuencia que refleja hasta qué punto el mercado atravesó una fase de corrección prolongada.
Un mercado golpeado, pero atento a un punto de inflexión
El deterioro del sentimiento fue uno de los elementos más visibles del mes. El Índice de Miedo y Codicia se mantuvo por debajo de 20 y llegó incluso a tocar 5 de forma momentánea, un nivel extremo que subraya el nerviosismo dominante entre los participantes.
En paralelo, las métricas de apalancamiento siguieron por encima de sus promedios históricos, lo que sugiere que el proceso de limpieza todavía no terminó por completo.
Dentro de ese escenario, Bitcoin mostró una resistencia relativa, aunque sin escapar a la presión bajista. Su dominancia retrocedió levemente hasta 57.9%, mientras que Ether cayó hasta 10.8%, reflejando una mayor debilidad de las altcoins.
BTC, además, se acercó a una zona que el mercado mira con atención: su precio realizado, cerca de los 54.000 dólares, un nivel que históricamente suele asociarse con fases avanzadas de desapalancamiento.
Entre los diez principales activos por capitalización, casi todos cerraron febrero en rojo. TRX fue el más resiliente, con una caída de apenas 4.6%, mientras que BCH y ADA retrocedieron 15.7% y 19.7%, respectivamente. DOGE perdió 22.7% pese a un repunte intradía impulsado por la especulación alrededor de X.
Más abajo en la tabla, LINK, XRP, BNB, SOL y ETH registraron descensos todavía más pronunciados, en una clara señal de aversión generalizada al riesgo.

DeFi se enfría, pero Base gana terreno
La debilidad del mercado también se trasladó a las finanzas descentralizadas. En febrero, el valor total bloqueado en DeFi se ubicó en 95.7 mil millones de dólares, una caída mensual de 18.4%. Aun así, los cambios de cuota entre las principales blockchains fueron moderados, lo que indica que no hubo una rotación drástica entre ecosistemas, sino una contracción más amplia del sector.
En ese contexto, Base siguió consolidando su avance. Su crecimiento sostenido dentro del universo de capa 2 le permitió representar cerca del 46.5% del TVL total de ese segmento. La evolución no es menor: a medida que gana peso dentro del marco de OP Stack, también aumenta su influencia sobre la actividad, las comisiones del secuenciador y la economía interna del ecosistema Superchain.
RWA se fortalece en medio de la volatilidad
Si hubo un segmento que logró desmarcarse del tono general del mercado, fue el de los activos del mundo real tokenizados.
Los RWA cerraron febrero con un valor on-chain aproximado de 25.4 mil millones de dólares, lo que representa un crecimiento mensual de 4.7%. El impulso llegó, sobre todo, por parte de productos respaldados por letras del Tesoro y por un renovado interés en el oro tokenizado, favorecido por la suba del metal a nivel global.
Ese contraste es relevante porque muestra que, incluso en una fase correctiva, siguen existiendo narrativas capaces de atraer capital.
La tokenización de activos tradicionales continúa ganando adopción tanto entre inversores institucionales como minoristas, y eso refuerza la idea de que el mercado cripto ya no se mueve solo por especulación, sino también por casos de uso con demanda estructural.
La pregunta ahora no es si febrero fue malo -eso ya está claro-, sino si marzo puede convertirse en el mes donde empiece a formarse un piso.
Los flujos hacia los ETFs spot de Bitcoin y la liquidez estacional que podría entrar desde Estados Unidos ofrecen al mercado una ventana de alivio.
Todavía no alcanza para hablar de recuperación definitiva, pero sí para decir que el ecosistema vuelve a tener algo que en las últimas semanas parecía escaso: una razón concreta para mirar hacia arriba.
