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Japón enfrenta un posible déficit comercial histórico como consecuencia del shock petrolero

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La guerra en Irán provoca un shock en el mercado de hidrocarburos que tiene el barril de petróleo en la cercanía de los $100. Mientras tanto, las autoridades persas advierten que la economía global debe prepararse para un precio de $200 por barril. En medio de esta crisis, la economía de Japón se enfrenta a un posible déficit comercial de magnitudes históricas.

Esto último se manifiesta en elementos como la caída del yen frente al dólar de los Estados Unidos. La moneda japonesa ha capitulado ante la fortaleza del billete verde, alcanzando su nivel más débil desde mediados de enero. La combinación de un petróleo Brent superando los $101 ($96 al momento de redactar) y la parálisis del Estrecho de Ormuz ha encendido las alarmas en Tokio.

En la nación asiática, los inversores temen que la dependencia energética de Japón hunda al país en una situación comercial insostenible. Algunos expertos, citados en Asia Nikkei advierten que no se trata de una mera señal de peligro, sino de un asunto de reales posibilidades.

El par USD/JPY tocó los 159.23 este jueves, aproximándose peligrosamente a la zona de línea roja que suele activar la intervención de compra de yenes por parte de las autoridades financieras japonesas. A pesar de los esfuerzos internacionales por estabilizar los precios, el mercado está ignorando las medidas paliativas y centrándose en el peor escenario posible.

Este escenario se trata precisamente de una guerra de desgaste en el corazón energético del mundo. Ante tal situación, Japón se enfrente a un posible golpe comercial que dejaría su economía muy mal parada.

Japón enfrenta un posible déficit comercial histórico como consecuencia del shock petrolero.
Debilitamiento del yen desde enero de 2026. Fuente: Quick/Asia Nikkei

La liberación de reservas de petróleo no es suficiente para Japón

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) anunció una liberación récord de 400 millones de barriles de sus 32 países miembros. Sin embargo, el mercado ignora esta medida por dos razones críticas.

La primera de ellas es la cobertura insuficiente de esta acción por parte de los poseedores de reservas. En consecuencia, esa cantidad apenas cubre unos 26 días de las exportaciones normales del Golfo. Con el Estrecho de Ormuz cerrado, el déficit de oferta es demasiado grande para ser mitigado solo con reservas.

A medida que esas reservas se agoten y la guerra no de señales de desenlace, la situación podría hacerse insostenible. En ese escenario, las economías más dependientes de la importación de crudo serán las más afectadas, lo que podría incluso provocar recesiones en algunos mercados desarrollados y emergentes.

El segundo factor de esta ecuación es el inevitable retraso logístico. Morgan Stanley advierte que la liberación requiere subastas y procesos burocráticos. En palabras simples, el crudo no llegará a las refinerías de forma inmediata, lo que supone un proceso tortuoso de espera que algunas economías no se pueden dar el lujo de permitirse sin sufrir serias consecuencias.

Este escenario que enfrenta Japón se convierte en una pesadilla para los inversores que temen seriamente a las consecuencias de un posible caos comercial.

La interminable amenaza en el Golfo

La situación táctica en el Golfo se ha vuelto calamitosa para los armadores y las aseguradoras, apunta el citado reporte de Asia Nikkei. Esto incluye elementos críticos como:

  1. Guerra de minas: a pesar de que el Comando Central de EE. UU. afirma haber destruido 16 buques minadores iraníes, la presencia de minas activas en un canal de solo 30 km de ancho hace que el tráfico comercial sea suicida.
  2. Ataque a la infraestructura: el incendio en la refinería de Ruwais (ADNOC) en Abu Dabi tras un ataque con drones ha asestado un golpe maestro. Sin el combustible que esta planta provee a los propios petroleros, los barcos no pueden zarpar incluso si el Estrecho se reabriera hoy.
  3. Escoltas militares: aunque el G7 y Donald Trump ofrecen escoltas de la Marina de EE. UU., los propietarios de buques temen que esto los convierta en objetivos de mayor perfil para los misiles y drones iraníes.

Para Japón, un petróleo cerca de los $100 es un veneno macroeconómico. Al ser un importador neto de casi toda su energía, el aumento de los precios de las materias primas fuerza a las empresas japonesas a vender yenes para comprar dólares y pagar sus facturas energéticas, acelerando la depreciación de la moneda.

Mackenzie sugiere que el crudo debe subir a $150 para forzar una caída en la demanda global que equilibre el mercado.

Si el conflicto se prolonga, los $200 por barril en 2026 ya no se consideran una imposibilidad teórica. Esto amenaza con una intervención inminente por parte de las autoridades del Banco de Japón y el Ministerio de Finanzas para frenar el desplome del yen.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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