Winvest — Bitcoin investment

Para Vitalik Buterin la democracia digital debe basarse en el consenso y no en órdenes impuestas por defecto

¿Quieres operar este fin de semana? Los índices sintéticos siguen activos → Explorar opciones.

Espacio patrocinado

El cofundador de Ethereum, Vitalik Buterin, manifestó su opinión sobre el rol de la tecnología en la organización social y la democracia.

El experto planteó una reflexión profunda sobre el desencanto creciente con los sistemas democráticos en todas sus formas, desde DAO hasta gobiernos nacionales. Asimismo, esbozó una hoja de ruta para construir herramientas políticas más efectivas en un mundo que ya no es el de la década pasada.

«Últimamente tengo la sensación de que hay menos entusiasmo por estas cosas que antes», escribió en una publicación en X. Con esto, se refirió a mecanismos como DAO, votación cuadrática, sistemas de identidad zero-knowledge para votar y experimentos de gobernanza local. 

Apuntó que «la ola autoritaria no es solo cuestión de algunos hombres fuertes malévolos aprovechando una oportunidad. También es una cuestión de genuino desencanto con las cosas democráticas».

En un contexto donde las empresas se vuelven más «fundador-céntricas», las redes sociales enfrentan una crisis de legitimidad y los conflictos geopolíticos se intensifican, el llamado a la democracia digital de Vitalik Buterin es oportuno.

Existen herramientas más poderosas que nunca antes como ZK, IA, y ciberseguridad avanzada, pero se usan para defender lo viejo en lugar de construir lo nuevo, insinuó.

Buterin y la democracia para superar la era caótica

Buterin apunta una distinción fundamental para entender por qué los sueños de los 2000 y 2010 hoy parecen inalcanzables. En aquella época estable, era natural preguntarse «¿cuál sería un orden más perfecto?» y trabajar para construirlo. Iniciativas como una renta básica universal global, la adopción masiva del voto por rangos o DAO capaces de financiar bienes públicos a gran escala poblaban el imaginario colectivo.

«En una era caótica, la intervención promedio en el orden no es un acto principista de diseño de mecanismos, sino una lucha egoísta por el poder», explica. Seguidamente, agrega que «hay mucho menos espacio para pensar en esas preguntas».

El ejemplo es elocuente y resulta difícil imaginar llevar a Estados Unidos hacia el voto cuadrático cuando el país ni siquiera puede prohibir con éxito la manipulación de distritos electorales.

Esta visión redefine el rol de las herramientas democráticas en el presente. Ya no se trata de imponer mecanismos vinculantes para la toma de decisiones, sino de construir instrumentos para la búsqueda de consenso. Herramientas que identifiquen posibles cambios en el orden y que presenten esas opciones a los actores con poder real.

El dilema del igualitarismo y pluralismo

En una publicación de respuesta en su post, Buterin profundiza en la base ideológica de este desafío. El igualitarismo fuerte, o la idea de que todos tenemos derecho al mismo nivel de voz, choca con realidades incómodas. En especial, con el hecho de que hay expertos que saben más, personas con más esfuerzo o habilidad. Además, hay una tendencia social a valorar ciertas voces por encima de otras.

Buterin no niega estas diferencias. «Es cierto que algunos tienen más experiencia que otros, y esa experiencia debe ser escuchada», admite. Sin embargo, Buterin defiende la necesidad de herramientas basadas en la democracia.

En consecuencia, destaca que el igualitarismo debe ser un piso y no un absoluto. Si se llevan demasiado lejos los argumentos meritocráticos, se corre el riesgo de dejar a muchas personas sin voz alguna.

Su ejemplo es provocador: «Las gallinas son mucho más tontas que los humanos. Pero si pudiera darle a cada gallina 0.01 votos sobre leyes agrícolas, de alguna manera que capture efectivamente sus preferencias, ¿lo haría? Demonios, sí».

Por otro lado, habla del pluralismo. Remarca que las herramientas democráticas no solo protegen a los débiles, sino que diversifican a las élites. El objetivo es crear espacio para grupos alternativos de personas influyentes que puedan desafiar a las élites existentes. 

La inteligencia artificial como catalizador

Buterin identifica en la IA un potencial transformador para superar una de las barreras más persistentes de la innovación institucional: la pereza humana para cambiar hábitos. Incluso el voto en los estados-nación sobrevive solo porque requiere solo un bit de información cada cuatro años y tiene siglos de legitimidad histórica.

«Uno de los beneficios de la IA es que potencialmente nos permite hacer que la provisión de información de alto ancho de banda sea literalmente de costo cero», sostiene.

Para el experto, buscar la solución pasa por un llamado a la acción que trasciende lo tecnológico. «El desencanto actual con las cosas democráticas es real. Pero lo que también se está volviendo real muy rápidamente es el desencanto con la alternativa, donde varios grupos de élites visible y abiertamente no se preocupan por los efectos de sus acciones en la gente común».

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

Deja un comentario

Columnistas destacados

Comunicados de Prensa

Asia