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La teoría central de Bitcoin se nutre de la narrativa de la descentralización como arma frente a cualquier ataque en su contra. Sin embargo, un reciente estudio del Centro de Finanzas Alternativas de la Universidad de Cambridge afirma que la mayor de las criptomonedas no está completamente fuera de peligro frente a elementos del mundo real.

En particular, los investigadores sostienen que Bitcoin podría ser vulnerable ante problemas relacionados con cables submarinos.

El mencionado estudio, titulado «Bitcoin Under Stress: Measuring Infrastructure Resilience 2014-2025», revela que la criptomoneda reina mantiene una dependencia silenciosa de una infraestructura física crítica. Se trata de los cables instalados en las profundidades de los océanos que conectan continentes y sostienen gran parte del tráfico global de internet.

Los investigadores presentan el primer análisis longitudinal sobre la resiliencia de la capa física de Bitcoin. La conclusión es tan fascinante como inquietante: aunque la red soporta sin mayores dificultades fallos aleatorios, un ataque quirúrgico sobre puntos críticos de la infraestructura de internet podría dejar a miles de nodos desconectados.

Actualmente, las tensiones geopolíticas han llevado a que algunos analistas planteen escenarios en los que rivales de Estados Unidos podrían apuntar a activos sensibles para su economía, incluido Bitcoin.

El estudio deja abierta una pregunta inquietante: ¿qué sucede si los rivales atacan la infraestructura de cables en lugar de atacar el código? Se trata de un escenario que podría generar problemas económicos relevantes, especialmente en el largo plazo.

En el corto plazo, este tipo de análisis también genera inquietud en el mercado, ya que la identificación de nuevos puntos vulnerables en la infraestructura de Bitcoin podría aumentar el nerviosismo entre los inversores institucionales.

La narrativa de la descentralización y el Bitcoin vulnerable

Bitcoin vive en el código, pero respira a través de internet. Cada nodo, cada transacción y cada bloque dependen de una red física de cables submarinos y terrestres que no entienden de criptografía. Los investigadores utilizaron un modelo de cascada para simular qué ocurre con los nodos de Bitcoin cuando se interrumpen estos cables.

La buena noticia es que la red es sorprendentemente robusta frente a fallos aleatorios. Según el estudio, sería necesario destruir entre el 72% y el 92% de todos los cables submarinos internacionales para que la red experimente una fragmentación significativa, definida como más del 10% de nodos desconectados. Los cortes accidentales, por lo tanto, no representarían una amenaza existencial.

Sin embargo, el escenario cambia radicalmente cuando la destrucción deja de ser aleatoria y pasa a ser dirigida.

Los investigadores identificaron un concepto clave: los cables de «alta intermediación» (high-betweenness). Si un atacante selecciona específicamente estos cables críticos, el umbral de fallo se desploma del 72% a apenas un 20%. En otras palabras, destruyendo uno de cada cinco cables estratégicos podría lograrse un efecto comparable al de destruir casi toda la red de forma aleatoria.

El estudio señala además un punto especialmente sensible: once cables que conectan Europa y América del Norte resultan extremadamente críticos para la salud de la red. Cortar estas arterias submarinas podría aislar porciones significativas del ecosistema Bitcoin.

Sin embargo, la vulnerabilidad no termina en el fondo del mar. Los investigadores también analizaron los sistemas autónomos (ASN) que alojan nodos de Bitcoin. El resultado es aún más concentrado. Un ataque dirigido a los cinco principales proveedores -Hetzner, OVH, Comcast, Amazon y Google Cloud- podría afectar hasta el 95% de la capacidad de enrutamiento clearnet de la red.

De este modo, la aparente descentralización de Bitcoin descansa en parte sobre una infraestructura global de internet que, paradójicamente, presenta altos niveles de concentración.

La paradoja de TOR: cuando la oscuridad protege

Uno de los hallazgos más contraintuitivos del estudio tiene que ver con TOR. La red de enrutamiento anónimo ha sido tradicionalmente vista con recelo por algunos críticos, quienes argumentaban que ocultar la localización de los nodos introducía una «fragilidad oculta». Si no se conoce la ubicación de los nodos, ¿cómo se puede proteger la red?

Los datos de Cambridge cuentan una historia distinta. En 2014, apenas unas decenas de nodos de Bitcoin operaban a través de TOR. Para 2025, esa cifra ha crecido hasta representar aproximadamente el 64% de toda la red. Los investigadores desarrollaron un modelo de cuatro capas para analizar el impacto de esta migración.

La conclusión desafía la intuición: TOR fortalece la resiliencia física de Bitcoin. En términos prácticos, el ancho de banda de los relays de TOR se encuentra altamente concentrado en países europeos con infraestructuras robustas. Estas naciones cuentan con una densidad muy elevada de cables submarinos y conexiones terrestres, lo que las hace extremadamente difíciles de desconectar del internet global.

Al enrutar el tráfico a través de TOR, los nodos ubicados en regiones periféricas o con menor conectividad terminan operando sobre la infraestructura europea. El estudio cuantifica este efecto al señalar que la adopción de TOR aumenta el umbral crítico de resiliencia entre 0,02 y 0,10 puntos, lo que representa un refuerzo estadísticamente significativo para la red.

Los investigadores denominan este fenómeno «barrera compuesta frente a la disrupción». De esta manera, la concentración de infraestructura en países con redes robustas termina actuando como un escudo para el conjunto del ecosistema Bitcoin.

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