¿Quieres operar este fin de semana? Los índices sintéticos siguen activos → Explorar opciones.

Espacio patrocinado

El dólar estadounidense ha perdido parte de su atractivo como activo refugio desde 2024, aunque no existe un deterioro generalizado en la demanda global por la divisa, según un informe publicado por ING este lunes.

El índice dólar cayó cerca de 10% el año pasado, marcando su peor desempeño anual desde 2017. La volatilidad en la política comercial de Estados Unidos, las amenazas arancelarias del presidente Donald Trump hacia países aliados y sus reiteradas críticas a la Reserva Federal generaron presión sobre la moneda.

Sin embargo, el análisis de ING introduce matices relevantes sobre la verdadera naturaleza de esta debilidad.

Debilidad cíclica, no estructural

De acuerdo con el banco, el dólar ha perdido una porción de su valor como activo refugio si se mide la correlación a tres meses entre el índice dólar, las acciones estadounidenses y los bonos del Tesoro a 10 años. Esa relación ha cambiado respecto a 2024, cuando la divisa actuaba con mayor claridad como escudo ante turbulencias financieras.

Aun así, ING sostiene que no hay señales de una pérdida estructural de confianza en la moneda. Más del 80% de las tenencias extranjeras de activos estadounidenses están en manos de inversores privados, y estos continúan posicionados en el mercado.

Además, el banco no detecta una aceleración en los procesos de desdolarización. El uso del dólar en activos globales, pasivos, transacciones y volumen de mercado se mantiene estable, lo que sugiere que el sistema financiero internacional sigue girando en torno a la divisa estadounidense.

El factor clave: la independencia de la Fed

ING advierte que la independencia de la Reserva Federal es la piedra angular de la estabilidad financiera global. Si el mercado percibiera que la Fed recorta tasas de interés de manera inapropiada o bajo presión política, podría desencadenarse una «corrida contra el dólar».

Ese escenario no es el base del banco, pero representa un riesgo significativo en el actual contexto político.

En cuanto a perspectivas, ING considera poco probable que la caída del dólar este año iguale la magnitud del desplome anterior. El banco proyecta que el euro cierre el año en $1.22, frente a niveles actuales cercanos a $1.18.

En síntesis, el debilitamiento del dólar parece responder más a un ciclo macroeconómico que a un cambio estructural del orden financiero global. La gran incógnita no es si el dólar sigue siendo dominante, sino cuánto puede tensarse la relación entre política y banco central antes de que el mercado reaccione con mayor contundencia.

Deja un comentario