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La computación cuántica volvió a instalarse en el debate sobre el futuro de Bitcoin. A diferencia de otros episodios marcados por el alarmismo, un análisis reciente de CoinShares plantea una conclusión clara: la amenaza existe en el plano teórico, pero está lejos de representar una crisis inminente para la red.
El informe pone el foco en separar la viabilidad técnica de los ataques cuánticos del impacto real que podrían tener hoy sobre el mercado y la seguridad del ecosistema.
Qué parte de Bitcoin estaría expuesta a un ataque cuántico
El principal vector de riesgo señalado es el uso de firmas criptográficas como ECDSA y Schnorr, que podrían verse comprometidas por el algoritmo de Shor en un escenario de computación cuántica suficientemente avanzada.
Según CoinShares, aproximadamente 1,6 millones de BTC -alrededor del 8% del suministro total- se encuentran en direcciones P2PK, donde la clave pública es visible. Sin embargo, este dato suele malinterpretarse. La gran mayoría de esos BTC están distribuidos en pequeñas cantidades, lo que haría prohibitivo cualquier intento de ataque individual desde el punto de vista económico.
El dato clave es otro: solo unos 10.200 BTC están concentrados en UTXOs lo suficientemente grandes como para generar un impacto de mercado relevante si fueran comprometidos. En otras palabras, incluso en un escenario extremo, el alcance práctico del daño sería limitado.
Por qué el riesgo es manejable y no inmediato
CoinShares subraya que la computación cuántica capaz de ejecutar estos ataques a escala todavía se encuentra a décadas de distancia. No existen hoy sistemas operativos que puedan romper las firmas criptográficas de Bitcoin de forma práctica, repetible y económicamente viable.
Además, el ecosistema cuenta con margen de maniobra. En caso de que la amenaza avance, Bitcoin podría migrar hacia esquemas de firmas resistentes a la computación cuántica mediante actualizaciones consensuadas. No sería un proceso inmediato ni trivial, pero tampoco algo fuera del alcance del modelo de gobernanza de la red.
Este punto es central: el riesgo no es binario ni súbito, sino gradual y observable en el tiempo.
El factor narrativo y su impacto en el mercado
Más allá de la tecnología, el informe deja entrever un elemento menos visible pero igual de relevante: el riesgo narrativo. La computación cuántica funciona hoy más como un catalizador de miedo que como una amenaza operativa concreta.
En los mercados financieros, la percepción suele moverse más rápido que la infraestructura. La clave, según CoinShares, será la capacidad del mercado para diferenciar entre un riesgo futuro y un colapso inminente, evitando reacciones desproporcionadas ante titulares que no reflejan el estado real de la tecnología.
Bitcoin ya enfrentó múltiples «amenazas existenciales» a lo largo de su historia. La computación cuántica, al menos por ahora, se suma a la lista de riesgos a monitorear, no a la de crisis urgentes.

















