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Las condiciones globales parecen estar dispuestas para que se produzca una guerra de capitales, asegura el veterano inversor Ray Dalio. El experto asegura que existe miedo y tensión en todas partes y esto podría ser el detonante para que se tomen medidas extremas. En un escenario como ese, el dinero se utilizará como un arma de chantaje y presión por parte de múltiples actores globales.
Durante un evento reciente en Dubái, el experto comentó a CNBC que los bancos centrales y los fondos soberanos están al tanto de ese peligro. En consecuencia, estos actores se estarían preparando activamente para enfrentar una situación de guerra de dinero provocada principalmente por la política comercial agresiva de EE. UU.
Apuntó que el mundo todavía no está en esa guerra, pero no falta mucho para que eso suceda. Agrega que elementos como embargos, bloqueo del acceso al capital y la utilización de la tenencia de deuda como chantaje son característicos. «Estamos al borde. Eso significa que no estamos dentro, pero sí muy cerca y sería muy fácil caer en ella porque existen temores mutuos», expresó.
Destacó que uno de los puntos cumbres es la presión del presidente Donald Trump por apoderarse de Groenlandia, la gigantesca isla de Dinamarca. Esto puso de relieve que ambas partes, tanto EE. UU. como Europa, están con el dedo en el gatillo en términos de medidas de capitales.
Desde el lado del viejo continente, los inversores con posesiones de activos denominados en dólares temen ser sancionados. Mientras tanto, desde EE. UU. se teme que no puedan recoger capitales relacionados con la compra de su deuda por parte de Europa, explicó Dalio.
Una guerra de capitales entre socios y rivales
Históricamente, una guerra de capitales tiene lugar entre países hostiles. En esta oportunidad, esa regla es mucho más flexible, dado que EE. UU. empuja a ese conflicto a sus rivales, pero también a muchos de sus aliados. El gran problema es que la recolección de capitales por venta de bonos podría verse seriamente afectada.
En sus palabras, el experto recuerda que Europa compró el 80% de la emisión de deuda estadounidense entre abril y noviembre de 2025. Destaca que esto es muy importante y es una carta de Europa para defenderse de las políticas hostiles de Washington.
«Los capitales, el dinero, es algo que importa», remarcó. «Estamos viendo control de capitales en todo el mundo ahora. Eso no significa que ya estamos en una guerra de capitales, pero es una preocupación lógica». Para Dalio, el origen de todo este desbarajuste es el presidente Trump y su política impulsiva que ignora completamente el orden internacional de posguerra.
Las medidas punitivas contra adversarios y socios históricos de EE. UU. han provocado fuertes convulsiones en los mercados financieros. Esto se convierte en la antesala para una situación en la que se implementen controles de capitales generalizados en todo el mundo.
En la misma medida en que EE. UU. priva a sus rivales y socios de la poderosa demanda de su mercado, este último se ve afectado por la falta de acceso a la producción de naciones foráneas.
En medio de todo este contexto, tanto el actual como el derivado de una posible guerra de capitales, el oro se mantiene como la principal alternativa de refugio. Dalio destaca que la abrumadora caída reciente del precio del metal no representa ninguna amenaza.
Impacto en las criptomonedas
En un escenario de fragmentación financiera, las criptomonedas emergen como un activo de neutralidad técnica frente al uso del dinero fiduciario como arma de presión. Dalio sugiere que, a medida que los controles de capitales se vuelven la norma, los inversores buscarán alternativas que operen fuera del alcance directo de las sanciones transfronterizas.
Bitcoin, en particular, comienza a ser percibido no solo como un activo especulativo, sino como un conducto de liquidez que ignora las fronteras políticas impuestas por Washington o Bruselas. Sin embargo, este tipo de guerras de capitales también trae consigo una vigilancia regulatoria sin precedentes.
Los gobiernos, al verse amenazados por la fuga de capitales hacia sistemas descentralizados, podrían acelerar la implementación de sus propias monedas digitales de banco central (CBDC).
Esto crearía un campo de batalla digital donde las criptomonedas privadas lucharán por mantener su esencia de refugio, mientras los Estados intentan tokenizar sus economías para ejercer un control más granular sobre los flujos monetarios globales.
Finalmente, la volatilidad intrínseca del sector cripto podría verse exacerbada por las crisis de deuda mencionadas por el experto. Si los aliados de EE. UU. deciden liquidar sus tenencias de bonos como medida de defensa, la inestabilidad resultante en el dólar podría catapultar el valor de los activos digitales escasos.
Aunque el oro sigue siendo la reserva por excelencia, las criptomonedas representan una nueva frontera de resistencia financiera que los bancos centrales ya no pueden permitirse ignorar en sus estrategias de supervivencia.
