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En décadas pasadas, el mercado negro digital se concentraba en datos como números de tarjetas de crédito o contraseñas filtradas. En 2026, sin embargo, la mercancía más valiosa ha evolucionado hacia algo mucho más íntimo y peligroso: el perfil psicométrico predictivo.

Este puede inferirse a partir de los prompts de inteligencia artificial (IA) que millones de personas utilizan a diario en los principales asistentes conversacionales.

En esta entrega de Alerta Digital, se desglosa el funcionamiento de la economía subterránea que comercia con fragmentos de tu vida que, en muchos casos, ni siquiera eras consciente de estar entregando.

La nueva mercancía del mercado negro de datos

Ya no se trata solo de tu nombre o tu correo electrónico. En el mercado negro de 2026, los actores criminales comercian con paquetes de entrenamiento de identidad. Estos incluyen historiales completos de tus interacciones con bots de IA, patrones de geolocalización acumulados durante años y, lo más inquietante, datos biométricos de comportamiento.

Los data brokers de la Dark Web han perfeccionado las técnicas de «reidentificación». Aunque una empresa afirme que tus datos son anónimos, los algoritmos del mercado negro pueden cruzar múltiples bases de datos para asignar nombre y apellido a ese «usuario anónimo» con un nivel de precisión alarmante.

Con el auge de la IA generativa, el producto más demandado son los Prompt Logs. Lo que preguntas a una IA expone miedos, problemas de salud, planes de negocio y conflictos personales. En el mercado negro, estos registros se venden a aseguradoras fraudulentas o se utilizan para ataques de phishing hiperpersonalizados, diseñados para resultar casi indetectables.

A esto se suma la explosión del tráfico de huellas de voz y síntesis facial. Por unos pocos cientos de dólares, un atacante puede adquirir acceso a un modelo de IA entrenado con tu voz, extraída de audios de WhatsApp o videos en redes sociales, listo para ejecutar estafas de suplantación de identidad en tiempo real.

La sigilosa cadena de suministro

Llegados a este punto, surge la pregunta inevitable: ¿cómo llegan tus datos hasta allí? En la mayoría de los casos, no es mediante hackeos espectaculares. La cadena de suministro suele incluir:

  • Apps fantasma: aplicaciones gratuitas, como editores de fotos, linternas o juegos simples, diseñadas exclusivamente para recolectar metadatos.
  • Fugas en la nube: servidores mal configurados que exponen millones de registros cada mes sin que nadie lo note.
  • Infiltrados: empleados de grandes empresas tecnológicas que venden accesos parciales a bases de datos internas de forma fragmentada para evitar levantar sospechas.

La subasta en la Dark Web

Un aspecto poco conocido es que en la Dark Web ya existe una puntuación de explotabilidad asignada a las identidades digitales. Esta se calcula en función del nivel de ingresos estimado, la huella digital y las vulnerabilidades psicológicas detectadas por algoritmos de IA.

Los compradores deciden cuánto pagar por atacarte. Tu identidad se convierte en una subasta en tiempo real, en mercados que operan con la eficiencia logística de Amazon, pero con la ética de un cartel criminal. Vale la pena pensarlo dos veces antes de pedirle a un bot de IA consejos íntimos sobre tu vida o tu estado emocional.

¿Cómo evitar ser la mercancía de estos brókers?

Aunque borrar por completo la sombra digital es prácticamente imposible, sí es posible reducir su valor dentro del mercado negro:

  • Ofuscación de datos: utiliza alias y correos electrónicos temporales para servicios no esenciales. Un dato falso carece de valor comercial.
  • Cifrado de extremo a extremo: evita procesar información sensible en plataformas de IA que no ofrezcan privacidad local o cifrado robusto.
  • Higiene de permisos: revisa de forma periódica qué aplicaciones tienen acceso a tu micrófono, cámara y, especialmente, a tu actividad en otras apps.

En Alerta Digital sostenemos que el conocimiento es la única encriptación que no pueden romper. En un entorno donde los datos personales se han convertido en moneda, aprender a protegerlos no es una opción: es una estrategia básica de seguridad personal.

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