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Las acciones de software en Estados Unidos atraviesan una de sus correcciones más severas desde la crisis financiera global. El índice S&P North American Software acumula una caída cercana al 30% desde su máximo de septiembre y enero dejó el peor retroceso mensual del sector desde 2008.
No se trata de un ajuste menor ni de una simple toma de ganancias: el mercado está cuestionando la naturaleza misma del negocio del software en plena aceleración de la inteligencia artificial.
El detonante no ha sido un colapso en los ingresos ni un deterioro abrupto de balances. El golpe llega desde otro lugar. La narrativa que gana fuerza es que la IA no solo mejora el software existente, sino que amenaza con volver irrelevantes muchos productos tal como hoy se conocen.
La aparición de nuevas herramientas de productividad, capaces de automatizar tareas complejas con una velocidad inédita, aceleró ese temor y empujó a los inversores a salir de forma desordenada.
El miedo a que el software deje de ser producto
El mercado suele reaccionar con violencia cuando percibe que un modelo de negocio entra en transición. En este caso, el temor central es que la IA transforme el software en una capa invisible, integrada de forma nativa en sistemas más amplios, reduciendo el poder de fijación de precios y el valor percibido de aplicaciones tradicionales.
Muchas compañías crecieron vendiendo interfaces, licencias y soluciones cerradas. La IA, en cambio, tiende a diluir esas fronteras, integrándose en múltiples flujos de trabajo y desplazando el foco desde el producto individual hacia la infraestructura subyacente.
Para los inversores, esa transición genera una pregunta incómoda: ¿quién captura el valor cuando el software deja de ser protagonista y pasa a ser un componente más?
Ese interrogante explica por qué el castigo ha sido tan amplio y poco selectivo. No se están diferenciando modelos resilientes de modelos frágiles. Se está descontando un escenario extremo, donde gran parte del sector pierde relevancia estructural en poco tiempo.
De la liquidación al reordenamiento
La historia de los mercados muestra que este tipo de movimientos suelen responder más al pánico que a un análisis frío. Cada gran disrupción tecnológica genera una fase inicial de liquidación, seguida por un proceso más lento de discriminación. No todo el software desaparece, pero tampoco todo sobrevive sin cambios profundos.
Las empresas capaces de adaptarse, integrar la IA como núcleo y no como complemento, y posicionarse como infraestructura crítica suelen emerger fortalecidas. Las que dependen de funciones fácilmente automatizables quedan expuestas a una compresión duradera de márgenes y valoración.
La corrección actual refleja esa tensión no resuelta. El mercado todavía no distingue con claridad quiénes serán los ganadores de la nueva arquitectura digital. Hasta que esa visibilidad aparezca, la volatilidad seguirá dominando.
Más que el fin del software, lo que se está negociando es el fin de una etapa. Y como ocurre siempre en esos momentos, el exceso de miedo convive con oportunidades que solo se vuelven evidentes cuando el ruido empieza a disiparse.
-Mr. Market

















