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Salvarte de una mala decisión en materia de inversión es algo que puede marcar la diferencia para el futuro de tu economía. Precisamente esto es lo que busca hacer el legendario capitalista de riesgo, Tim Draper, quien asegura que dos tips básicos pueden evitar en un 90% cometer algún error dramático. Básicamente, décadas de experiencia se resumen en estas dos recomendaciones.
En un entorno financiero marcado por el ruido mediático, los influencers y los falsos gurús, el sistema de dos banderas rojas de este experto se hace relevante. Estos dos elementos son las barreras de entradas y la asfixia regulatoria. En el primer caso, el inversor habla de «lo obvio y lo fácil».
En este punto, el inversor no se anda con rodeos. Así, si una simple búsqueda en Google demuestra que 100 competidores están haciendo lo mismo, eso significa que es un buen momento para salir corriendo de allí. Explica que si se trata de una idea muy fácil de ejecutar, entonces carece de un foso defensivo (moat).
En otras palabras, si el modelo de negocio no requiere una complejidad técnica extrema, una propiedad intelectual única o un efecto de red masivo, la competencia se convierte inevitablemente en una carrera hacia el fondo. De tal manera, en un producto indistinguible del resto su única variable es el ajuste del precio a la baja.
La guerra de precio se traduce en el hecho de que eventualmente aparecerá alguien con mayor capital que abaratará los costos operativos y destruirá tu rentabilidad, remarca. La pregunta que todo fundador debe responder es: ¿Por qué esto es difícil de replicar? Si la respuesta es «no lo es», entonces no es una inversión, es un pasatiempo costoso.
La segunda bandera roja para evitar una mala inversión
En este punto, el experto toca una fibra sensible para el sector tecnológico: la intervención gubernamental preventiva. Su crítica se dirige especialmente a organismos como la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), a quienes acusa de matar la innovación antes de que esta pueda respirar.
En consecuencia, argumenta que los reguladores a menudo intentan resolver problemas que aún no existen. Al imponer reglas diseñadas para industrias centenarias a tecnologías emergentes (como el ecosistema cripto o la IA), se crea un entorno en el que la innovación «muere en la cuna». Esto resulta en la fuga de talentos: los innovadores migran hacia jurisdicciones más amigables con la innovación.
La filosofía de Draper es clara: libertad primero, regulación después. Los emprendedores necesitan espacio para experimentar, y el Estado solo debería intervenir cuando aparezca un daño tangible, no basado en suposiciones de lo que la empresa podría llegar a ser.
En su publicación, el inversor deja un cuestionario de tres preguntas que se deben formular los emprendedores para evitar una mala inversión. Estas preguntas son:
- ¿Cuántos están haciendo exactamente esto? Evaluación de la saturación del mercado y la originalidad del producto.
- ¿Qué hace que esto sea difícil de replicar? Identificación de ventaja competitiva real (tecnologías, patentes y talentos, entre otras).
- ¿Lo matarán los reguladores antes de que escale? Análisis del riesgo político y legal del modelo de negocios.

















