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Una proporción significativa, cercana al 60%, de los grandes bancos de Estados Unidos ya opera con criptomonedas, lo que confirma un cambio de rumbo histórico en el sector financiero. Hasta hace poco, estas entidades mantenían una postura abiertamente hostil hacia el ecosistema cripto y participaron en la denominada operación ChokePoint 2.0.

Sin embargo, el escenario actual es radicalmente distinto y se refleja en el creciente número de instituciones que se acercan activamente a los activos digitales.

Este porcentaje corresponde al grupo de los 25 bancos más importantes del país. La cifra incluye tanto a entidades que ya ofrecen servicios vinculados a Bitcoin como a aquellas que planean lanzarlos en el corto plazo, según destacó una publicación reciente en X de River.

Este viraje en la visión de la banca privada institucional representa uno de los cambios más profundos en la historia reciente de las finanzas. Una parte creciente de estos bancos ya no percibe a las criptomonedas como una amenaza, sino como una evolución natural del dinero e incluso como una herramienta clave para su propia supervivencia a largo plazo.

Este cambio de postura fue subrayado recientemente por el CEO de Coinbase, Brian Armstrong. Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, el ejecutivo señaló que directivos de primer nivel del sector bancario se han acercado a él con una narrativa abiertamente positiva sobre las monedas digitales.

Un dato particularmente relevante es que, entre los cuatro bancos más grandes de la lista, tres ya operan con criptomonedas de manera explícita. Con esto, parece quedar atrás la etapa de rechazo automático que durante años caracterizó la relación de estas instituciones con todo lo vinculado a la blockchain.

Los grandes bancos operan con criptomonedas pensando en el futuro

Según Armstrong, los 10 bancos más grandes del mundo ubican a las criptomonedas entre sus principales prioridades estratégicas. Incluso, muchos las consideran una herramienta de supervivencia para sus modelos de negocio. Entre los prestamistas crece el temor de que no integrar soluciones cripto los deje tecnológicamente rezagados frente a competidores más ágiles.

El giro de los bancos hacia el ecosistema cripto resulta especialmente llamativo si se observa el contexto reciente. Durante la administración anterior en Estados Unidos, gran parte de estas instituciones colaboró con políticas restrictivas contra las criptomonedas. La desbancarización de empresas y proyectos cripto fue uno de los factores que más retrasó la adopción y el desarrollo de soluciones basadas en la blockchain.

Desde la industria cripto se sostiene que estas prácticas provocaron un freno significativo a la innovación en el país. La defensa del sistema financiero tradicional habría retrasado la adopción de tecnologías más eficientes, seguras y económicas para los ciudadanos y para la economía en general. Sin embargo, lo que parecía un conflicto prolongado terminó resolviéndose de manera rápida, con una adopción institucional que avanza a gran velocidad.

Actualmente, la mayoría de los grandes bancos ya ofrece algún tipo de servicio relacionado con criptomonedas. Aunque en muchos casos estos productos siguen siendo limitados, todo indica que se trata de una tendencia irreversible, que se expandirá a medida que el marco regulatorio permita una mayor innovación.

Algunos focos de resistencia

Pese a este cambio de actitud generalizado, aún persisten focos de resistencia dentro del sector bancario. En particular, el lobby financiero en Estados Unidos continúa ejerciendo presión para frenar aspectos clave del desarrollo cripto, especialmente en el área de las stablecoins.

Uno de los principales temores es que las stablecoins puedan ofrecer rendimientos directos a los usuarios. Esto podría derivar en una sustitución masiva de depósitos bancarios tradicionales. En términos simples, los clientes retirarían su dinero de los bancos para trasladarlo al sector cripto en busca de mayores retornos percibidos como más eficientes.

Esta dinámica marca el nuevo eje de tensión entre la banca tradicional y el ecosistema cripto. Desde el sector de las criptomonedas se sostiene que los bancos intentan frenar la innovación en detrimento de los ciudadanos, limitando su derecho a elegir activos más eficientes, regulados y potencialmente más beneficiosos.

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