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Los mercados suelen equivocarse cuando confunden innovación con ventaja económica. En inteligencia artificial, esa confusión es hoy generalizada. El debate público gira en torno a qué modelo es más potente, quién responde mejor o quién lanza la próxima función. Sin embargo, el verdadero campo de batalla está en un lugar mucho menos visible: la estructura de costos y la arquitectura del capital.

Un gráfico que circuló recientemente -titulado The AI Capital Cycle: Circular Financing and Systemic Fragility– expone una dinámica que merece atención. No porque anticipe un colapso inevitable, sino porque describe una interdependencia financiera poco habitual en una industria que ya mueve cientos de miles de millones de dólares.

Cuando el cliente financia al proveedor

El esquema es sencillo de describir, pero complejo en sus implicancias. OpenAI depende de NVIDIA para acceder a capacidad de cómputo crítica. A su vez, NVIDIA evalúa invertir capital en OpenAI, mientras OpenAI se compromete a compras masivas de GPUs a largo plazo. En paralelo, Microsoft es inversor estratégico de OpenAI y, al mismo tiempo, su proveedor principal vía Azure.

El capital circula constantemente entre los mismos actores. El cliente financia al proveedor, y el proveedor financia al cliente. Este sistema opera eficientemente mientras todos experimentan crecimiento y el crédito fluye. Sin embargo, si alguno de los eslabones se debilita, se reducen los márgenes de maniobra.

Este tipo de dependencia circular no es habitual en industrias tecnológicas maduras. Es más propia de ciclos financieros expansivos, donde el riesgo no desaparece: se redistribuye.

El punto ciego: el costo marginal

Aquí se presenta una variable que muchos análisis suelen pasar por alto. OpenAI no gestiona su propia infraestructura; en cambio, adquiere recursos de cómputo a precios elevados, pagando un recargo al proveedor de servicios en la nube y, posteriormente, afronta sus propios costos operativos. Cada consulta adicional no disminuye de manera significativa su costo marginal.

El contraste con Google es estructural. Google diseña sus propios TPUs, posee sus centros de datos y opera con costos cercanos al costo energético y de depreciación. No se trata de eficiencia operativa puntual, sino de integración vertical.

Desde el punto de vista de mercado, esto implica algo clave:

  • En OpenAI, más demanda implica más costos variables y menor apalancamiento operativo.
  • En Google, más demanda implica economías de escala y mayor ventaja estructural.

No es una discusión de calidad del modelo. Es una discusión de economía industrial.

Riesgo sistémico: qué dice el gráfico y qué no

El gráfico introduce una advertencia fuerte: que este entramado podría, bajo determinadas condiciones, generar una reacción en cadena comparable a dinámicas previas a la crisis de 2008. La palabra clave es podría. No es una predicción, es una advertencia estructural.

El riesgo no está en la tecnología, sino en la concentración de compromisos cruzados:

  • Compromisos de compra a largo plazo.
  • Inversiones estratégicas dependientes del desempeño de un solo actor.
  • Y valuaciones que asumen crecimiento continuo de la demanda.

Mientras el mercado expande, el sistema se sostiene. El problema aparece si el crecimiento se desacelera o si alguno de los nodos clave pierde capacidad de cumplir sus compromisos.

Señales que merecen contexto

Algunos movimientos recientes se interpretan mejor bajo esta lente:

  • La incorporación de publicidad en ChatGPT.
  • Los mensajes de urgencia estratégica desde la conducción de OpenAI.
  • La rotación de talento fundador.
  • Y el reposicionamiento de grandes clientes corporativos.

Ninguno de estos hechos, por sí solo, implica un quiebre. En conjunto, sugieren presión sobre un modelo que aún no logró estabilizar su ecuación económica.

La analogía incómoda

En los años noventa, Netscape tenía la innovación. Microsoft tenía la estructura. El resultado no se definió por superioridad técnica, sino por control de costos, distribución y plataforma.

Hoy, la analogía no es perfecta, pero sí ilustrativa. Google no necesita ganar la carrera de modelos para ganar la guerra económica de la IA. Le basta con soportar la demanda a un costo que otros no pueden igualar.

Cuando los números pesan más que el relato

Los mercados no suelen anticipar quiebres tecnológicos. Anticipan desequilibrios financieros. Cuando la narrativa se desacopla de la estructura de costos, algo empieza a crujir debajo de la superficie.

No es un llamado al pánico. Es una invitación a mirar donde casi nadie está mirando. En la inteligencia artificial, el verdadero riesgo -y la verdadera ventaja- no está en el código, sino en la contabilidad.

-Mr. Market

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