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El histórico enfrentamiento entre defensores del oro y entusiastas de Bitcoin vuelve a quedar en segundo plano. En un análisis reciente, PlanB sostiene que ambos activos no compiten entre sí, sino que juegan en el mismo equipo desde una perspectiva macroeconómica y de gestión de riesgo.
El planteo es claro: cuando se analizan datos históricos desde 2017 hasta enero de 2026, el rendimiento ajustado por riesgo de una cartera que combine oro y Bitcoin resulta superior al de cualquier exposición individual.
Retornos históricos según el análisis de PlanB
De acuerdo con las cifras compartidas por PlanB, el oro pasó de $1.250 en abril de 2017 a cerca de $4.700 en enero de 2026, lo que implica un retorno geométrico anual aproximado del 16%. Bitcoin, en ese mismo período, avanzó desde $1.250 hasta alrededor de $90.000, con un retorno geométrico anual cercano al 61%.
La diferencia de rendimiento es evidente, pero también lo es el costo en términos de volatilidad.
Riesgo y drawdowns: el punto crítico
El análisis destaca que el drawdown máximo del oro se mantuvo en torno al 22%, confirmando su rol como activo defensivo. Bitcoin, en cambio, experimentó caídas máximas cercanas al 84%, un nivel de riesgo difícil de asumir para muchos perfiles de inversión.
Aquí aparece el eje central del estudio de PlanB: la eficiencia no se mide solo por el retorno, sino por la relación entre retorno y riesgo.
La cartera: 80% oro y 20% Bitcoin
Según el modelo presentado, una asignación de 80% oro y 20% Bitcoin genera un resultado notable:
- Retorno geométrico anual cercano al 30%.
- Drawdown máximo estimado en torno al 18%, inferior incluso al del oro.
- Ratio Calmar aproximado del 172%, muy por encima del 72% observado tanto en oro como en Bitcoin por separado.
Para PlanB, este punto es clave: la combinación no solo duplica el retorno del oro, sino que además reduce el riesgo máximo asumido.
Un enfoque macro, no ideológico
El análisis subraya que oro y Bitcoin cumplen funciones similares frente a la expansión monetaria, el deterioro fiscal y la pérdida de poder adquisitivo de las monedas fiat. El oro aporta estabilidad histórica; Bitcoin introduce convexidad y asimetría positiva.
Desde esta óptica, la discusión sobre cuál activo es «mejor» pierde sentido. Lo relevante es cómo interactúan dentro de una cartera bien estructurada.
Lectura clave para 2026
La conclusión de PlanB es directa: la diversificación entre oro y Bitcoin ofrece un perfil riesgo-retorno más eficiente que cualquiera de los dos por separado.
En un escenario macro incierto, la combinación aparece como una estrategia racional basada en datos, no en creencias.

















