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Durante dรฉcadas, el consumo fue presentado como el gran motor democrรกtico de la economรญa estadounidense. Millones de hogares empujando la demanda, sosteniendo el crecimiento y amortiguando los ciclos. Hoy, esa narrativa empieza a desmoronarse.

Los datos muestran un giro estructural: el 10% con mayores ingresos en Estados Unidos ya representa el 49% de todo el gasto en consumo. Es el nivel mรกs alto jamรกs registrado. En tรฉrminos histรณricos, este grupo aumentรณ su participaciรณn en 13 puntos porcentuales en los รบltimos 30 aรฑos, una seรฑal clara de concentraciรณn del poder de compra.

Cuando el motor del crecimiento deja de ser amplio y pasa a depender de una minorรญa, el equilibrio econรณmico cambia.

El otro lado del balance: el retroceso silencioso del 80%

Mientras el 10% superior gana peso, el resto pierde relevancia. El 80% de los hogares con menores ingresos hoy explica apenas el 37% del gasto total, una caรญda de 11 puntos porcentuales desde mediados de los aรฑos noventa.

Este no es un ajuste coyuntural ni una anomalรญa estadรญstica. Es una tendencia persistente que refleja cรณmo la capacidad de consumo se ha ido erosionando para la mayorรญa de la poblaciรณn, incluso en perรญodos de crecimiento econรณmico y mercados laborales ajustados.

La economรญa sigue avanzando, pero lo hace con una base de consumo cada vez mรกs estrecha.

Cuando el consumo define el PIB, la concentraciรณn importa

En Estados Unidos, el consumo personal representa cerca del 68% del producto interno bruto. Bajo ese marco, la concentraciรณn del gasto se traduce directamente en concentraciรณn del crecimiento.

Hoy, el 10% de mayores ingresos explica aproximadamente el 33% de todo el PIB estadounidense. En contraste, el 80% inferior apenas alcanza el 25% de la actividad econรณmica total.

Esto implica que la salud del crecimiento ya no depende del ingreso medio, sino de la estabilidad financiera de una franja muy reducida de la poblaciรณn.

Una economรญa sostenida por quienes poseen activos

El patrรณn es claro. En este esquema, los principales beneficiados no son los salarios ni el consumo general, sino quienes concentran activos financieros y patrimoniales.

Acciones, inmuebles y participaciones empresariales concentran la capacidad de gasto y sostienen la dinรกmica econรณmica. Por eso los mercados de activos muestran mayor resiliencia que el consumo agregado, incluso cuando los indicadores macro aรบn parecen sรณlidos.

Cuando el crecimiento depende de pocos, la fragilidad no desaparece: solo queda oculta hasta que esa minorรญa reduce el gasto.

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