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Espacio patrocinadoDurante las primeras horas del lunes, el precio de metales como el oro y la plata registra un nuevo impulso alcista. Si bien existen múltiples factores que explican la tendencia positiva de estos activos en los últimos meses, el rally actual parece concentrarse en dos elementos centrales: un posible nuevo conflicto entre EE. UU. e Irán y la creciente tensión institucional en torno a la Reserva Federal.
En el primer caso, Irán atraviesa un período de fuerte presión social, con protestas masivas en distintas regiones del país. En varias ciudades, las manifestaciones han escalado hacia episodios de violencia y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. En este contexto, el presidente Trump advirtió recientemente que podría intervenir si el gobierno iraní intensifica la represión interna.
Tanto Israel como Estados Unidos se encuentran cerca de una posible acción militar contra Irán, un escenario que abriría la puerta a consecuencias de alto impacto.
Entre ellas, destaca la amenaza de un cierre del estrecho de Ormuz, una de las arterias más críticas del comercio marítimo global. Los mercados no dan por garantizado que el poderío militar estadounidense pueda evitar una interrupción prolongada de este paso estratégico.
Este riesgo alimenta el temor a una disrupción abrupta en la cadena de suministro global, lo que incrementa la probabilidad de correcciones severas en los mercados bursátiles. Frente a este panorama, los capitales refuerzan su exposición a activos refugio como el oro y la plata, impulsando con fuerza sus cotizaciones.
Al momento de redactar esta nota, el oro se aproxima a los $4.600 por onza, mientras que la plata alcanza los $84,03 por onza, según datos de CNBC. Otros metales como el cobre, el platino y el paladio también muestran subidas significativas.

El segundo factor que impulsa el precio del oro y la plata
El segundo elemento que ejerce presión alcista sobre los metales está vinculado a la situación institucional en torno a la Reserva Federal. En los últimos días se conoció que el Departamento de Justicia de EE. UU. inició una investigación criminal contra el presidente del banco central, Jerome Powell, así como contra la propia institución.
Este choque institucional, impulsado desde la administración Trump, genera una profunda inquietud en los mercados. De prosperar una ofensiva política contra la Fed, se pondría en riesgo la histórica independencia del banco central, trasladando decisiones clave de política monetaria desde el ámbito técnico hacia la lógica de agendas políticas.
Este escenario erosiona la confianza en los activos denominados en dólares estadounidenses. Aunque la investigación del Departamento de Justicia no se centra formalmente en la política monetaria, el trasfondo del conflicto está estrechamente relacionado con ella. Para los inversores, se trata de una señal de alarma que eleva la percepción de riesgo sistémico.
Una eventual subordinación de la Fed a la Casa Blanca podría derivar en un escenario inflacionario difícil de contener. Si los aranceles y la expansión del PIB nominal presionan al alza los precios, la ausencia de una autoridad monetaria independiente limitaría la capacidad de aplicar políticas restrictivas.
El objetivo declarado de Trump de forzar una baja agresiva de las tasas deja prácticamente descartadas futuras subidas para contener un repunte inflacionario.
El solo temor a que este escenario se materialice resulta suficiente para que los flujos de capital sigan reforzando su exposición al oro, impulsados por una demanda excepcionalmente elevada.
Dos elementos de gran peso combinados
Aunque un conflicto con Irán podría parecer, en términos relativos, el factor menos dramático, se trata de un riesgo geopolítico que no puede subestimarse. Irán ha demostrado recientemente su capacidad de respuesta militar en intercambios con Israel, y su potencial para interrumpir el comercio en el estrecho de Ormuz tendría efectos inflacionarios inmediatos.
Este impacto se sumaría a la fragilidad institucional de la Reserva Federal, acelerando el problema inflacionario que hoy inquieta a los mercados. Desde una perspectiva ortodoxa, la combinación de inflación elevada y tasas de interés artificialmente bajas es incompatible con la estabilidad económica, y ese parece ser el sendero al que apuntan las políticas actuales de EE. UU.
Ante este contexto, tanto inversores privados como bancos centrales no dudan en tomar posición. Las compras de oro, plata y otros metales de refugio se intensifican, profundizando al mismo tiempo el debilitamiento del dólar estadounidense.
Este escenario también podría tener efectos relevantes sobre el mercado cripto. Si bien las criptomonedas podrían beneficiarse de un entorno de crecimiento nominal y depreciación del dólar, la expansión de stablecoins vinculadas al USD podría verse afectada. En conjunto, el panorama refuerza la idea de que 2026 podría convertirse en un año de elevada volatilidad financiera a escala global.

