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Espacio patrocinadoEn LABITCONF 2025, el economista y trader Alfredo B. Roisenzvit, cofundador de MoonQuant Capital, desarmó uno de los mitos más arraigados del ecosistema: que el precio de Bitcoin se sostiene únicamente por su escasez.
Su ponencia, titulada «Qué mueve realmente el precio de Bitcoin», fue una radiografía lúcida sobre la distancia entre el valor moral de Bitcoin y su precio de mercado, dominado por la lógica especulativa de Wall Street.

El ethos: el alma de Bitcoin
Roisenzvit comenzó apelando al concepto aristotélico de ethos, entendido como el carácter moral que otorga credibilidad y confianza. En Bitcoin, explicó, ese ethos representa la independencia, la inmutabilidad y la escasez: solo existirán 21 millones de BTC, nadie puede censurarlos ni confiscarlos, y atraviesan generaciones como reserva de valor.
Sin embargo, aclaró que ese ethos, aunque sustenta el valor intrínseco de Bitcoin, no es lo que fija su precio en el mercado. «El 90% de los bitcoins no están a la venta», señaló. «La mayoría de los holders no los conserva para especular, ya entienden su verdadero valor».
Datos en mano, destacó que el 60% de los BTC no se mueven hace más de un año, y que entre el 70% y el 80% pertenecen a long-term holders -usuarios que no venden, sin importar el precio-. En otras palabras, el precio de mercado se forma solo con una pequeña fracción de los bitcoins existentes, mientras el resto permanece inmóvil, resguardado por convicción ideológica más que por cálculo financiero.
Wall Street: el otro rostro del precio
La segunda mitad de la charla giró hacia la otra cara del fenómeno. Para Wall Street, Bitcoin no es un refugio de valor, sino un activo de riesgo. Se compra cuando parece barato, se vende cuando parece caro, y su cotización se mueve la mayor parte del tiempo al ritmo del S&P 500.
«Bitcoin sigue el pulso de Wall Street», explicó Roisenzvit mostrando gráficos diarios y semanales. Cuando las bolsas caen, Bitcoin cae. Cuando rebotan, Bitcoin rebota. «Para los traders institucionales, el objetivo no es tener Bitcoin, sino ganar dólares rápido y ahora».
El orador fue aún más lejos al mostrar que por cada Bitcoin real operado en spot, se negocian entre 7 y 10 contratos de futuros, equivalentes a decenas de miles de millones de dólares en activos sintéticos. «El precio de Bitcoin lo determinan productos que en realidad son aire», advirtió. Estos contratos, operados en horarios de Wall Street, influyen más que las compras o ventas reales de BTC.
A eso se suma la manipulación natural de las ballenas y el uso extremo de apalancamiento: posiciones de hasta 100x que pueden ser liquidadas por simples variaciones de 1%.
Cada movimiento brusco del mercado, explicó, responde a la búsqueda de esas «burbujas de liquidez» donde los grandes operadores aprovechan para forzar liquidaciones y provocar oscilaciones que luego el mercado interpreta como volatilidad orgánica.
Valor y precio: dos realidades paralelas
La conclusión de Roisenzvit fue tan simple como incómoda: el valor de Bitcoin y su precio no hablan el mismo idioma. El primero nace del ethos, de la confianza, de la idea de libertad y escasez; el segundo depende de traders, futuros y especulación.
El economista cerró con una advertencia: «Si uno cree en la filosofía de Bitcoin, lo mejor que puede hacer es tenerlo. Porque en el largo plazo, siempre sube». La frase, más allá del optimismo, condensó la esencia de su exposición: el mercado puede manipular el precio, pero el ethos sigue sosteniendo el valor.
