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En el escenario de LABITCONF 2025, Francis Pouliot no habló de innovación ni de adopción. Habló de guerra. Con tono sereno, pero convicción absoluta, el fundador de Bull Bitcoin lanzó una de las declaraciones más radicales de toda la conferencia: «Estamos aquí para destruir los bancos centrales y destruir las monedas fiat».

Pouliot trazó una línea entre el viejo capitalismo complaciente y un nuevo tipo de activismo: el tecno-emprendimiento insurgente, donde el éxito no se mide en ganancias sino en una sola métrica: si el dólar estadounidense todavía existe, la misión no está cumplida.
Del fracaso del sistema al éxodo digital
Antes de volverse un referente del maximalismo, Pouliot fue economista y político. Intentó cambiar el sistema desde adentro, convencido de que la democracia y el libre mercado podían corregir el rumbo colectivista del mundo.
Pero tras años de frustración, comprendió algo más profundo: «No importa cuánto intentes persuadir, el sistema siempre gana. Hay una fuerza invisible que nos arrastra hacia una distopía global». Esa epifanía lo llevó a Bitcoin.
En 2013 descubrió que el problema no era ideológico sino monetario. Los bancos centrales son el núcleo de esa maquinaria que perpetúa el control, y la única salida no es debatir, sino salir del sistema.
«No se cambia un sistema corrupto desde adentro; se crea otro en paralelo y se deja que el viejo colapse», explicó, reivindicando la estrategia cypherpunk del exit over voice.
Bitcoin como acto político y moral
Para Pouliot, Bitcoin no es una inversión ni una tecnología: es una declaración política. Desde su primer proyecto, el Bitcoin Embassy, hasta la creación de Bull Bitcoin, su misión fue construir herramientas para vivir totalmente fuera del sistema bancario.
Su visión es simple: «Debemos boicotear el fiat, reducir a cero nuestra dependencia de los bancos y crear la infraestructura que nos permita vivir en un estándar Bitcoin».
En esa cruzada, reivindica la custodia propia como el núcleo ético del movimiento. El usuario que entrega sus BTC a un intermediario, dice, «pierde la revolución antes de que empiece». Por eso su empresa no busca captar clientes, sino formar rebeldes financieros: individuos soberanos con control total sobre su dinero.
Pouliot cerró su charla con una frase que resume el espíritu de LABITCONF 2025:
«Bitcoin no pide permiso, no negocia, no se adapta. Simplemente existe. Y mientras el dólar siga existiendo, la misión no habrá terminado».
Bitcoin, más que una moneda, es un manifiesto en código abierto.

















