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El mercado de Bitcoin atraviesa una etapa de debilidad estructural. Pese a los rebotes puntuales, la criptomoneda no logra recuperar el nivel clave de los $113.000, que actúa como frontera psicológica entre impulso y agotamiento. Los datos de Glassnode muestran una tendencia clara: disminuye la demanda de corto plazo mientras los holders veteranos intensifican la distribución.

Nivel de equilibrio y señales técnicas

El costo base de los holders de corto plazo -cercano a los $113.000- se mantiene como un punto de inflexión. Permanecer por encima de esa zona suele marcar el dominio de los compradores; perderlo, en cambio, indica que la presión vendedora prevalece.

Durante las últimas semanas, Bitcoin ha oscilado en torno a ese nivel sin lograr cierres sostenidos por encima, reflejando una falta de convicción tanto en el mercado spot como en derivados.

Si el precio continúa cediendo, el siguiente soporte relevante se ubica en torno a los $88.000, correspondiente al costo promedio de los inversores activos. Esa franja, históricamente, ha servido como base para fases de reacumulación tras picos de euforia.

Distribución persistente de largo plazo

Los holders de largo plazo están vendiendo a un ritmo aproximado de 104.000 BTC mensuales, la cifra más alta desde julio. Esta salida constante de oferta antigua al mercado denota una etapa de toma de ganancias generalizada, lo que limita cualquier intento de recuperación sólida.

A su vez, el flujo de BTC desde wallets inactivas hacia exchanges alcanza los $293 millones diarios, duplicando los niveles de finales de 2024. En términos on-chain, esto implica una transferencia masiva de liquidez desde la tenencia pasiva hacia la venta activa.

Un mercado que necesita reconstrucción

Aunque la volatilidad implícita se ha estabilizado y los derivados muestran posiciones más balanceadas, el componente estructural del mercado sigue debilitado. El capital nuevo no fluye con la intensidad necesaria para absorber la oferta, y los indicadores de Glassnode apuntan a una erosión progresiva en la confianza de corto plazo.

Para los analistas, el punto de control sigue claro: sin una recomposición del flujo de acumulación por parte de los inversores de largo plazo, cualquier repunte hacia los $115K–$120K seguirá siendo vulnerable a la toma de ganancias.

La estructura actual no es bajista por definición, pero sí refleja un mercado en fase de digestión tras los máximos históricos. Un cambio de tendencia solo será sostenible si el umbral de los $113.000 vuelve a consolidarse como soporte y la distribución veterana se enfría.

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